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Editorial

AL DR. VAN SERTIMA, ECO DEL PRIMER DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA


publicado por: Eugenio Nkogo el 17/11/2010 15:29:08 CET


AL DR VAN SERTIMA, ECO DEL PRIMER DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA

EUGENIO NKOGO ONDO

Ivan Van Sertima nació en la Guayana inglesa, el 26 de enero de 1935, tras cursar estudios primarios y secundarios en su tierra natal, realiza estudios superiores en la universidad de Londres. Durante su formación en la “School of Oriental and African Studies”, SOAS, concentra su atención en distintas disciplinas: periodismo, crítica literaria, lingüística, antropología e historia son los campos de su preferencia. Por fin, alcanza el correspondiente grado de Doctor con la presentación de su Swahili Dictionary of Legal Terms, que sería publicado en Tanzania en 1967. Además de la lengua swahili se especializa en el húngaro y ejerce como periodista en diversos medios de la prensa, radio y televisión ingleses. En 1972 viaja a los Estados Unidos de América y accede al puesto de profesor asociado del departamento de Estudios Africanos en Douglass College, Rutgers University, New Brunswick, New Jersey, a pocos kilómetros del sur del Estado de New York. Tras la aparición de su obra cumbre, ”They came befote Columbus, the african presence in ancient America”, en 1976, en la editorial newyorkina Random House, funda y dirige la reconocida e influyente Journal of African Civilizations que, contando con una pléyade de colaboradores, fue el “alma mater” de la investigación africana y de su extensión planetaria en los Estados Unidos. Hizo de su repertorio una sucesión casi inagotable de obras maestras, entre las cuales se podría resaltar a título de ilustración: Blacks in science, ancient and modern (1983); Nile valley civilizations (1985); African presence in early America (1987); African precence in early Europe (1985); African prescence en early Asia (1985); etc. Obtuvo el merecido reconocimiento del “Comité Nobel” de la Academia Sueca, por haber sido designado como candidato al Premio Nobel de la Literatura (1976-1980).

Con sumo pesar, recibí la noticia de su fallecimiento acaecido en la ciudad de New York, el 25 de mayo de 2009.

Su nombre me traerá siempre a la mente el recuerdo emotivo de la imagen viva de un investigador fuera de lo común: me encuentro en la ciudad de Washington D. C. y, el 5 de mayo de 1981, acudo al “Black coffee”, una de las charlas organizadas por la Howard University que, junto con la Columbia University, se inscribe entre las seis universidades de la capital federal y desarrolla su actividad bajo la tutela del capital negro. El invitado es el Dr. Ivan Van Sertima quien, como si fuera en un guión cinematográfico, nos alumbra el esquema cronológico de la evolución de su tarea cotidiana desde la perspectiva de “una formación europea” (“an european formation”) en el Reino Unido hasta su aterrizaje en la universidad americana, donde no vaciló en asumir el reto de interrogar el mundo infinito de los grandes valores de la madre África y su proyección hacia las cuatro esquinas del globo terráqueo, desde los tiempos más remotos. Al final de la brillante actuación, me dirijo a él y, en nuestra breve conversación, consigo un ejemplar del Journal of Agrican Civilizations, Vol. 1, Nº 2, del mes de noviembre de 1979, en el que me extiende su autógrafo.
Desde mi regreso a España en julio de 1981 hasta la fecha, he sido uno de los representantes de esa obra colosal que tanto él y su equipo habían difundido al mundo entero a través de un programa abultado de publicaciones.

Su anunciada ”They came before Columbus, the african presence in ancient America” (Llegaron antes de Colón, la presencia africana en la antigua América), se estructura en doce largos capítulos, en los que se insertan “The secret route from Guinea”, “The mariner Prince of Mali”, “Africans across the sea”, “Mandingo Traders in Medieval Mexico”, etc. En ella eleva al máximo nivel su método hermenéutico e histórico con el que establece definitivamente que el negro africano, bajo el auspicio del potente imperio Mandingo, descubre América en el umbral del siglo XIV. Entre 1310 y 1311, zarpan de Mali sendas expediciones impulsadas por el rey Abubakari II y, con “una flota de grandes barcos, bien equipados de agua y de alimentos”, logran abordar la Española (Haití y República Dominicana), donde no sólo tuvieron el éxito merecido sino que alcanzaron el norte de la costa este de México y, rumbo al Sur, pasando por el Istmo de Darío (Panamá), dejaron la huella imborrable de su cultura a lo largo de la actual América Latina. Sus asentamientos proliferaron más allá de los años 1407 y 1425, lo que constituye una de las mejores pruebas de que estos fueron realmente los descendientes de los emigrantes de aquellos siglos en esas zonas. El mismo Cristóbal Colón tuvo que confirmar uno de los testimonios fundamentales de los aborígenes de ese Nuevo Mundo. Los Indios de la Española le aseguraron “que tenían trato comercial con los Negros que habían llegado ahí, provistos de lanzas puntiagudas hechas de un metal que llamaban gua-nin.”

Intentando disipar cualquier duda, el prestigioso investigador nos explicita que “el término guanin debe encontrar su origen en las lenguas Mande del Oeste africano, por medio de los Mandingo, Kabunga, Toronka, Kankanka, Bambara, Mande y Vai. En Vai, tenemos la forma del vocablo ka-ni que, transcrito en fonéticas nativas, nos daría gua-nin.” Y que ojeando el diario de Colón, “el oro aparece como coa-na, mientras que gua-nin es registrado como una isla donde hay mucho oro.” En esa confusión, se observa que Fray Bartolomé de las Casas, como erudito, puso una acotación al margen de dicho diario con la siguiente aseveración: “Este guanin no es una isla sino el oro que, según los Indios, tiene un olor de muchísimo valor.” De forma similar, en la Raccolta, el informe italiano del viaje, se lee que “ahí había pedazos de gua-nin tan grandes como la popa de una carabela”. Es obvio que aquella corrección no fue objeto de un aprendizaje que subsanara la página de la historiografía posterior, en la que quedó escrito hasta la fecha que Guanahaní fue la primera isla del suelo americano que pisó Colón en la madrugada del 12 de octubre de 1492. Aunque él mismo la hubiera bautizado con el nombre de San Salvador, todavía prevalece la denominación anterior.

En honor a la verdad, el hecho de que los Africanos descubrieran América casi dos siglos antes de Colón, demuestra con creces la falsedad de la tesis tan vulgarizada que sostenía que todos los Negros que cruzaron el Atlántico lo hicieron en condición de esclavos.

León, 20 de agosto de 2010.


Fuente: propia

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Véase también la declaración sobre el uso de seudónimos

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