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Editorial

EL SOCAVON


publicado por: Celestino Okenve el 01/03/2017 19:47:00 CET

EL SOCAVON

Prof. Celestino-Nvo Okenve Ndo

Llegué a Bata en el 2011 tras más de 40 años en el exterior, si exceptuamos el viaje exploratorio de 1980 tras el golpe de Estado de Obiang y el viaje de 2002 para enterrar a mi padre muerto en Madrid. Estas excepciones fueron pasos fugaces por este pueblo grande que es Bata y no me acuerdo casi nada de ellas.

En 2011 estábamos en la efervescencia de la primavera árabe y vine aquí a Bata a vivir unos meses y a verlo escudriñando sus recodos y carreteras. Y digo bien carreteras porque Bata, aparte de las seis calles de la vieja y estrecha ciudad dejada por los colonizadores, ha crecido de manera anárquica, sin plan y sin calles. Lo que en tiempos eran las carreteras que salían de esa parte vieja y se dirigían hacia Rio Benito (hoy Mbini) y hacia Ebibeyin, hoy las dicen calles. Dicen pero no son. Lo que en tiempos eran caminos de los barrios indígenas que rodeaban la ciudad colonial acostada al mar, hoy lo llaman calles. Llaman pero no son. Son carreteras.



No se ha hecho nada por hacer calles en Bata. Ni siquiera se ha puesto nombres y números a esas carreteras que dicen calles, algo parecido a esas pistas sin torre de control que el dictador llama aeropuertos internacionales. La similitud no es casual, indica una forma de pensamiento y de proceder.


Esas carreteras, aparte der carecer de nombres y números, no tienen arcén para aparcar y muchas no tienen aceras. Así que los coches aparcan en la vía y los vehículos en circulación tienen que desviarse hacia el centro de dichas calle-carreteras para poder sortear los aparcados de cualquier forma. En más de 40 años de dictadura infernal, no se les ha ocurrido a los delegados-alcaldes del dictador hacer verdaderas calles. Y así siguen las cosas, nadando en el caos circulatorio. En ese caos originado por la falta de verdaderas calles en Bata, los taxistas y las matriculas WN compiten por mostrar el mayor desprecio a las normas de circulación.

En una de las confluencias de esas calles, la llamada Las Palmeras, se produce de forma continuada uno de esos caos circulatorios. La calle que confluye perpendicular termina en un socavón monumental que está ahí desde que vine a Bata en 2011. Este socavón es el mayor de un archipiélago de socavones instalados en Las Palmeras que a veces desaparece durante un par de meses, para retornar con crudeza el resto del tiempo. Cuando desaparece es porque algún voluntarioso del régimen ha ordenado arreglarlos sin estética ni ciencia. Simplemente lo parchean.

A la lluvia siguiente, reanuda el socavón su labor exterminadora de las suspensiones y bajos de los coches. Hoy por ejemplo me hundí en el cráter y no salí al otro lado hasta haber raspado gravemente el cárter del pobre coche que llevaba, tras unos largos segundos que parecieron eternos y que siguieron al estruendo del vehículo al chocar contra el punto más bajo del socavón, situado casi a 40 centímetros de profundidad. Creí que se me había reventado el motor y maldije al maldito dictador de este país que nos destruye el alma, el cuerpo y nuestros escasos bienes.


Los socavones de las carreteras de Bata se producen porque no se sigue lo más simple que debe hacerse en una calle verdadera, que es recoger las aguas de las lluvias para que no se estanquen. El archipiélago de socavones de Las Palmeras (y el de Ngolo) se encuentra Justo donde se encharca el agua al llover. Las aquí llamadas calles, aparte de carecer de arcén, no canalizan el agua hacia ninguna alcantarilla. Y con el agua encharcada, se destruye la capa de asfalto parcheada y los socavones se hacen más grandes al pasar los coches por esos pantanos y hundirse en los invisibles cráteres. No hay un ingeniero de obras públicas o de caminos en el ayuntamiento de Bata. El alcalde de Bata, uno de los hombres más feos de Guinea, aparte de Boho Camo, y que fue designado a dedo al margen de la Ley del Régimen Local, no sabe lo que tiene que hacer un ayuntamiento ni cómo funciona un ayuntamiento en las sociedades organizadas.

El socavón es una prueba de la incapacidad de la dictadura para resolver problemas. Seguimos teniendo los mismos problemas de hace más de 20 años. El socavón de hace 20 años sigue estando en su sitio, destruyendo a los vehículos.

Un problema grave que sigue teniendo Guinea es la dictadura, el gran socavón que sufrimos todos los guineanos. No es que la dictadura sea incapaz de resover de una vez los problemas, es que la dictadura es el propio socavón y estará ahí mientras Obiang siga en el poder con su ineptitud y malicia.

Antes había dinero en este país como para al menos hacer arreglos que pudieran durar dos estaciones de lluvia. Pero los analfabetos ladrones le pusieron alas al dinero, que se fugó con celeridad pasmosa fuera de Guinea. Hoy dicen que no hay dinero. Cuando lo hubo, dijeron que había que esperar ver las mejoras cuando Guinea fuera el paraíso en el año 2020. Además de ladrones, son los mayores mentirosos del mundo de todos los tiempos.

Los hijos y sobrinos del dictador son un socavón. Son problemas que llevamos arrastrando desde que malgobierna Obiang. Uno de los hijos desea ser presidente cuando es un perfecto inútil para casi todo, el otro va de profesional y controla el sector energético donde ha conseguido hacerse multimillonario con nuestras riquezas de gas y petróleo; el otro es un violento que dicen que controla la aduana de Bata o al grupo de soldados llamados especiales que son entrenados por una empresa israelí, otra maneja una empresa que sobra habiendo ministerios, la llamada Geproyectos, un socavón abierto para robar a espuertas y que realiza proyectos inútiles cuyos costes están multiplicados por 4 respecto a los costes reales, otros manejan empresas aeronáuticas y de telecomunicación que arrastran pérdidas millonarias desde hace años, etc. Los socavones, los expolios, las tonterías y los despilfarros de la familia de Obiang superan cualquier abuso habido  en la historia de la humanidad. Sin hablar de los ultrajes que someten a la población guineana, las torturas y los encarcelamientos ilegales e injustos. Socavones que duran y duran y duran y duran.


No pasa un día sin que nos sobresaltemos aquí con un crimen horrible o con una movida de los Obiang. Mientras el hijito Teodorin se encuentra pasando los carnavales en Brasil gastando como siempre el dinero y los recursos públicos como propios, nos enteramos que la que en tiempos fuera su amante-pasatiempo, elevada en el olimpo de la perversión a la categoría de ministra de inculturas, ha sido sustituida por otra persona, tras más de siete meses residiendo en España gracias a los muchos dineros, unos ganados en el expolio nacional y otros distraídos del ministerio de Turismo y Cultura, información siempre originada en el rumor que inunda Malabo y que llaman "congosá".

Tiempo atrás nos enteramos de la inmovilización de al menos dos aviones matriculados en Europa pertenecientes a Ceiba, que ha sido rebautizado Ceiba Intercancelaciones por su comportamiento frecuente a la cancelación de sus vuelos. Es una mala noticia como siempre. La compañía Ceiba, que llegó a tener dos B777, un B767, tres B738, tres ATR, un A310 y un cargo ruso IL-76D, ahora tiene inactivos dos ATR, un B738 y dos B777. Ha dejado de ingresar por los servicios de cuatro vuelos semanales a Madrid más los costes de tener inmovilizados tantos aviones. Sin duda los problemas económicos de Ceiba van a exacerbar los problemas económicos de la Hacienda pública guineana y de todo el país. Ceiba es un socavón dentro del socavón guineano.

No hay agua corriente en Bata ni en Malabo. Es un problema de toda la vida que los Obiang no han resuelto con tanto petróleo y gas. En Bata y después de un gasto enorme pagado a Somagec, existen unas fuentes públicas a donde hay que ir a por agua potable. No existe una red de saneamiento. En Malabo, la parte vieja conserva la red de abastecimiento de hace mas de 30 años pero el agua que lleva no es potable. Fuera de esa zona, a un 1 km del centro de la parte vieja, la gente tiene que gestionar individualmente el problema de agua usando pozos individuales sin que en ningún caso el agua sea potable. A pesar de ello, la gente sin recursos, mas del 70%, bebe el agua sin potabilizar de Malabo. La solución es el agua embotellada, cuyos fabricantes, según se dice, son gente de la dictadura. Incluso se dice que la mujer del dictador, es la dueña de la embotelladora de agua marca Ceiba, que tiene el 80% del mercado. Eso explica por qué su marido no quiere que los guineanos tengan agua potable pública. Eso clama al cielo.




Fuente: propia

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Véase también la declaración sobre el uso de seudónimos

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