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Editorial

EL COORDINADOR DE LAS CÉLULAS ES BONIFACIO NGUEMA NDONG


publicado por: luis esono el 29/07/2017 13:33:21 CET

EL COORDINADOR DE LAS CÉLULAS ES
BONIFACIO NGUEMA NDONG, DEL SIERVO DE
DIOS PERSEGUIDO

A estas alturas, por la seriedad de la
información y la implicación de otras personas,
me parece ridículo seguir en el anonimato. Mi
nombre es Martín Esimi Mbomío, al final de
este mensaje daré alguna información sobre
mi persona.

Por la sensibilidad de este mensaje quiero
dejar claro una cosa. Si me preguntan cómo sé
lo que sé sólo puedo decir “Dios me ha dicho”.
No tengo pruebas. Fue lo que le dije a una
autoridad hace meses: El 9 de abril yo ya sabía
que Macron es el futuro Presidente de Francia,
cuando ni en las encuestas sobresalía. ¿cómo
pues me lo sé, qué pruebas tengo…? No tengo
ninguna prueba, sólo que para mí es la voz de
Dios. Les toca encontrar las pruebas a los que
investigan, si las hay. Basta con buena fe e
imparcialidad.

Dios me ha dicho: “El coordinador de las
células es Bonifacio Nguema Ndong, eso es lo
que quiero que digas a la gente”.
En Nkolombong Laté vive mi suegro Bonifacio
Nguema Ndong, tío de mi esposa María
Concepción Avomo Ela y, según veo, uno de los
que han influido en los actos de mi mujer
contra mí. En el intento de asesinato de 2013,
Dios me dijo que Bonifacio y Biyiri estaban
haciendo ese trabajo, juntos con mi mujer claro
está. Yo no encontré relación entre esas
personas. En una reunión familiar, Bonifacio
me dijo que nunca había visto a Biyiri, que sólo
de oídas conoce su nombre…

Desde entonces hasta los últimos
acontecimientos hemos vivido un infierno en
casa, porque lo que decía mi mujer ser el
problema de su malestar no era en realidad lo
que presentaba, sino una tapadera. Reuniones
familiares donde siempre su familia le da la
razón; la última reunión fue particular: tras
darle la razón y hacernos las paces; al día
siguiente se despidió que se iba al trabajo, y se
fue para siempre. Estuvimos buscándola
durante días; yo aparecí por la tele con su foto.
Mientras ella estaba escondida en el interior
del país, sus familiares dijeron que ya he
matado a su hija. En la policía, un suegro fue a
decir: “este señor maltrataba a nuestra hija, le
pegaba y le decía que salga de casa, que quiere
traer otra mujer; pero nuestra hija no quería
salir”. Cuando ellos sabían que en casi veinte
años ni la he pegado ni una sola vez. Gracias a
Dios reapareció.

Los últimos acontecimientos sobre cómo
descubrí que ya había militares en mi casa,
Dios me dijo que mi mujer sí que estaba EL
COORDINADOR DE LAS CÉLULAS ES
BONIFACIO NGUEMA NDONG, DEL SIERVO DE
DIOS PERSEGUIDO

A estas alturas, por la seriedad de la
información y la implicación de otras personas,
me parece ridículo seguir en el anonimato. Mi
nombre es Martín Esimi Mbomío, al final de
este mensaje daré alguna información sobre
mi persona.

Por la sensibilidad de este mensaje quiero
dejar claro una cosa. Si me preguntan cómo sé
lo que sé sólo puedo decir “Dios me ha dicho”.
No tengo pruebas. Fue lo que le dije a una
autoridad hace meses: El 9 de abril yo ya sabía
que Macron es el futuro Presidente de Francia,
cuando ni en las encuestas sobresalía. ¿cómo
pues me lo sé, qué pruebas tengo…? No tengo
ninguna prueba, sólo que para mí es la voz de
Dios. Les toca encontrar las pruebas a los que
investigan, si las hay. Basta con buena fe e
imparcialidad.

Dios me ha dicho: “El coordinador de las
células es Bonifacio Nguema Ndong, eso es lo
que quiero que digas a la gente”.
En Nkolombong Laté vive mi suegro Bonifacio
Nguema Ndong, tío de mi esposa María
Concepción Avomo Ela y, según veo, uno de los
que han influido en los actos de mi mujer
contra mí. En el intento de asesinato de 2013,
Dios me dijo que Bonifacio y Biyiri estaban
haciendo ese trabajo, juntos con mi mujer claro
está. Yo no encontré relación entre esas
personas. En una reunión familiar, Bonifacio
me dijo que nunca había visto a Biyiri, que sólo
de oídas conoce su nombre…

Desde entonces hasta los últimos
acontecimientos hemos vivido un infierno en
casa, porque lo que decía mi mujer ser el
problema de su malestar no era en realidad lo
que presentaba, sino una tapadera. Reuniones
familiares donde siempre su familia le da la
razón; la última reunión fue particular: tras
darle la razón y hacernos las paces; al día
siguiente se despidió que se iba al trabajo, y se
fue para siempre. Estuvimos buscándola
durante días; yo aparecí por la tele con su foto.
Mientras ella estaba escondida en el interior
del país, sus familiares dijeron que ya he
matado a su hija. En la policía, un suegro fue a
decir: “este señor maltrataba a nuestra hija, le
pegaba y le decía que salga de casa, que quiere
traer otra mujer; pero nuestra hija no quería
salir”. Cuando ellos sabían que en casi veinte
años ni la he pegado ni una sola vez. Gracias a
Dios reapareció.

Los últimos acontecimientos sobre cómo
descubrí que ya había militares en mi casa,
Dios me dijo que mi mujer sí que estaba detrás
de todo eso. Algunos detalles. Unos días antes
mi mujer venía quejándose de que mi madre
fue a hablar en su pueblo (Nkumtom Esawong)
que mi mujer le desprecia, que en caso de
muerte que ella no asista a su ceremonia de
defunción, etc. Entonces mi mujer habló con
Bonifacio y éste convocó a mis padres… Mi
padre se fue y no mi madre. Luego Bonifacio
me llamó por teléfono que yo fuera a su casa,
le dije que yo hablaría con mis padres y
decidirían el día para una reunión familiar. Dios
ya me había dicho de no acercarme a él. Al
final mi mujer dijo que todo el asunto puede
quedar resuelto si sólo visito a su tío y
hablamos del tema. Yo ya había aceptado que
al amanecer me iría a verle. De madrugada la
voz me dijo: “Hijo mío, por favor, no te vayas”.
En lugar de irme decidí pasar un día de retiro
(ayuno y oración). Dije a mi mujer que he
suspendido la visita porque Dios quiere que yo
ayune ese día, ya iré otro día.

En los días previos al incidente del 17 de julio
2017, mi mujer decía que es mejor que nos
separemos de casas, que yo me quede en la
que estamos y ella se vaya con los niños a la
otra. Le dije que no estoy de acuerdo. Recogió
las cosas más de una vez que ya se va a la otra
casa, pero le dije que si iba no llevaría a los
niños. Por eso desistió. Además, le dije que a
cualquier lugar que vayan, yo también iré.

Entonces cambió de estrategia: salió de
nuestra habitación y fue a otra libre. Dijo que
cada uno esté en su cuarto. Al anochecer Dios
me dijo de dormir donde ella duerme, que yo no
duerma en una habitación aparte. Y así lo hice,
le dije a mi mujer que como la niña tenía fiebre,
era mejor que yo estuviera a su lado toda la
noche. Después de dos noches, como ya no
me quedaba excusa, le expliqué que lo normal
es que estemos en la misma habitación para
no dar mala imagen a los niños.

Tres o dos días antes del incidente, tuvimos
una discusión y mi hija mayor (18 años) se fue
de casa. Pensé que se había ido donde mis
padres, pero no, me dijo después que estuvo en
casa de Bonifacio, ahí había pasado la noche.
Me enfadé porque ya había dicho a mi mujer
que ninguno de mis hijos fuera más a esa
casa. Mi hija dijo que ni siquiera había visto al
mismo Bonifacio, que durmió con los niños.

El famoso día del incidente ya lo he contado en
otro mensaje: que una vestida de musulmana
entró a visitar a uno de mis inquilinos llamado
Valentín, creo también de Burkina Faso. Me
llamó la atención que cuando mi hija abrió la
puerta a esa extraña no se cruzaron palabras
como saludos o a quién buscas…, la mujer
entró como si fuera inquilina nuestra; incluso
los mismos inquilinos también conversan un
poco. Minutos después pillé una conversación
en que esa joven decía en fang por teléfono: “…
yo ya estoy en el lugar… ¿yas estás en el
cuartel?...” ; que al hablar en voz baja tuvo que
repetir lo del cuartel unas tres veces. La voz de
hombre que yo había oído el sábado volvió a
sonar bajo, entonces ella se cayó. Descubrí
después que el dueño de la casa estaba fuera,
y tanto él como su mujer me afirmaron que
sólo ellos dos estaban en casa, que ahí no
había otra persona.

Todo eso había pasado el lunes; el martes
regresé a casa para echarlos. Cuando llegué
los niños me abrieron el cerco; nada más
entrar, me fui directamente a la puerta de
Valentín, antes de tocar la puerta mi mujer
empezó a llamarme: “Ven aquí antes, quiero
que hablemos antes…” yo no le hice caso.
Después de decirles que abandonaran
(Valentín sí que estaba presente, Ousmane no
había llegado todavía), entré en mi casa. En el
cuarto la mujer se enfadó: “¿Cómo puedes
hacer eso a unos extranjeros? Primero se suele
avisar a la gente si hace algo; yo estuve todo el
día de ayer con ellos y no vi ningún militar…” Lo
que le hizo callar fue al decirle: “Si no estás
implicada en eso, cállate y no los defiendas”.
Luego me preguntó si Ousmane no podría
quedar y que sólo se fuera Valentín. No acepté.

El miércoles por la mañana llamo a mi hija de
18 años y le digo: “viste la chica que abriste la
puerta anteayer a medio día, la que ha creado
todo ese problema (pues cuando ella abrió la
puerta yo miraba por la ventana de cristal, yo
podía verles pero ellas no a mí)”. Entonces me
dijo: “Era clara”. Volví a preguntar: “¿Era la
mujer de Valentín?” y ella me dijo: “La mujer de
Valentín es negra”. Entonces le pregunté si
podría reconocer a aquella mujer clara en caso
de volver a verla, fue cuando cambió la versión:
“Ahora que me acuerdo, no soy yo quien fue a
abrir la puerta; fue el hermanito, yo estaba ahí
(un lugar algo distante)”. Como yo mismo le
había visto abrir la puerta y la forma en que
entró aquella mujer, como si fuera de la casa,
supe que mi hija empezaba a mentirme. La
dejé y media hora después volví a llamarla en
la habitación. Dios ya me había dicho que mi
mujer sí que está detrás de toda esa operación.
Le dije a mi hija: “Mira, soy tu padre; si te he
ofendido alguna vez te pido que me perdones,
lo habré hecho sin mala intención; pero hay
algo que quiero decirte: cuando tus padres
tenemos problemas yo quiero que te apartes,
no te mezcles en los problemas de tu mamá y
yo”. Ella negó que no sabía de qué hablaba, que
no se acordaba de la chica que había entrado y
eso le convertía en cómplice. Le expliqué que
la idea de querer engañarme sí que le convierte
en cómplice, porque yo mismo vi cómo le
habrían la puerta.

Al día siguiente, al volver a hablar del asunto,
mi hija volvió a cambiar de versión: “Ahora que
me acuerdo bien, yo no vi a esa chica, sólo vi
sus pies porque la vi cuando aún estaba fuera
del cerco”. Mi sobrina y yo quedamos muy
asombrados aún más. Nuestro cerco está
cerrado y no podemos ver a nadie cuando toca
la puerta. Todos los que nos visitan saben que
antes de abrir la puerta del cerco siempre
preguntamos quién es, pues no podemos
verlos desde dentro. En fin comprendí que mi
hija estaba intentando proteger a su madre.
Fue entonces que todas las piezas empezaron
a encajar. En realidad después del fracaso que
tuvieron el 5 de noviembre 2013, no
abandonaron. Le propuse matrimonio en la
iglesia pensando que eso mejoraría su
situación espiritual, pero de nada sirvió. Un
ejemplo de ello fue que tres días antes del 5 de
noviembre estábamos planificando nuestra
boda. ¿Se imaginan lo que significa planificar
una boda con alguien sabiendo que en tres
días estarás muerto? ¡Qué nivel de cinismo!

Esta última versión de mi hija fue el jueves 20.
Mi mujer supo que yo ya le había descubierto y
ya no sabía qué más hacer. El viernes por la
noche yo terminé de bañar a los niños más
pequeños como siempre y decidí descansar
pensando ducharme a las 22 horas. No sé
cómo pero me desperté a las 23h30. Cuando
miro, la cama vacía, toda la casa vacía y sólo
mi sobrina dormía. La llamé y pregunté dónde
estaban los demás. “Se fueron, si pensé que se
había despedido de ti; iba preparando las
cosas, subió el volumen de la música y creo
que los niños se fueron antes. Pensé que se
había despedido”. Entonces oramos para pedir
la intervención de Dios.

El sábado por la mañana aviso a mis familiares
y suegros, incluido Bonifacio, que ella se ha ido
de casa y no sé dónde está porque su teléfono
no pasa. Por la tarde llego a la otra casa que
tenemos y lo que encontré fueron los bultos de
ropas y enseres que habían traído. No habían
abierto nada. Estaban en otra parte. Pasó el
domingo. El lunes por la mañana llamo a
Bonifacio y me dice que mi mujer está con los
niños en su pueblo (Nkumtom). Le dije que ella
trajera a mis hijos; entonces se enfadó que se
lo he dicho, dijo que yo hablara primero con mi
padre y son los que hablarían con él.

Fui a ver a mis padres y me aconsejaron que,
aunque lo que les cuento es el intento de
asesinato, que yo me vaya a Nkumtom a
preguntar a la mujer el porqué se ha ido de
casa de esa manera con los niños. En camino a
Nkumtom llamé su teléfono, ya empezaba a
pasar, sonó hasta agotarse y ella no cogió.
Cuando llego encuentro que se está
preparando para ir al trabajo (Delegación
Regional de Tráfico). Le pregunto por qué no
ha cogido la llamado. “Es que sólo sonó una
vez, cuando quise cogerlo ya se había
apagado”. Le pregunté la razón de su huida: “la
razón por la que estoy aquí es que tu madre
vino a hablar aquí de cosas que le hago, y
como ni tú ni ella queréis venir a arreglarlas,
por eso he decidido venir aquí hasta que se
hable del caso”. Le pregunté y porqué trajo a
los niños, me dijo que sabía que yo no podía
dejarle llevarlos a las buenas. Entonces me
cabré, cogí los tres pequeños que estaban ahí y
los metí en el coche. Se quedó con las dos
mayorcitas y el que aun toma biberón. Hubo un
gran ruido, sólo que no había mayores a más
de mi cuñado y cuando este decía que yo baje
a los niños ni le hice caso.

Traje a los niños a casa de mis padres. Luego
papá me llamó que Bonifacio ha amenazado
por teléfono que he ido a coger a los niños.
Que si vuelvo a pisar Nkumtom yo lo veré. El
mismo día por la tarde, yo dije a mi mujer que
también le dijera a Bonifacio: “Dile que yo ya sé
quién es, pero yo no le tengo miedo; él no
puede hacerme nada. Lo que lamento es haber
orado tanto por un terrorista”. Pues Bonifacio
estuvo implicado en el intento fallido de golpe
de estado de Simon Mann hace años, y creo
que fue condenado a algo. Entonces oramos
mucho pensando yo que era inocente.

En fin, puedo decir que en la práctica, tres de
mis hijos están como secuestrados en
Nkumtom. Viendo la situación, yo estoy
esperando que ese caso se pueda tratar, pues
yo no pienso acercarme a ellos si todo no está
resuelto.
Creo sinceramente que Bonifacio Nguema
Ndong tiene algo que le hace desear mi
muerte. Les toca a las autoridades investigar
de qué células se trata y dónde encontrarlas.
MI VIDA SIGUE CORRIENDO PELIGRO. EL
JUEVES FUI ENVENENADO POR UNA
HERMANA EN CRISTO DE MUCHA CONFIANZA.
PASÉ MÁS DE DOS HORAS VOMITANDO Y
ESCUPIENDO MOCO., DEBIDO AL HUEVO QUE
ME SIRVIO. RUEGO DIOS PUEDA TOCAR A LAS
AUTORIDADES PARA ACABAR CON ESE TEMA
QUE DIOS BENDIGA A GUINEA ECUATORIAL


SOBRE MARTÍN ESIMI MBOMIO
Como dije al inicio el anonimato ya no debe
seguir aquí. Soy Educador Social y trabajo en el
Ministerio de Educación como docente en un
centro de Bata.
Últimamente me habían nombrado Delegado
Provincial de Cultura de Wele Nzás; sólo estuve
dos meses y luego el cese. Ni siquiera cobré,
pagué los gastos de alojamiento, manutención,
incluso la recepción oficial con dinero prestado
que estoy devolviendo.
Cómo pues llegué a ser nombrado. Un amigo
de D. Involucrado me dijo: “….mira, él ha dicho
que necesitan a alguien en Mongomo y yo he
pensado en ti; entonces ha dicho que te
pregunte”. Yo, para no levantar sospechas,
acepté. En los meses que estuve en Mongomo
fue cuando noté que con toda seguridad D.
Involucrado estaba al día del viaje que le
implicaba ante S.E.

También fui (2006-2008) Administrador del
Hospital de Ebibeyín. Otro destino complicado.
Fuimos un equipo (Gerente, Técnico y
Administrador) trabajador. Teníamos muchas
ganas de cambiar las cosas, pero fuimos muy
decepcionados. Cuando llegamos a Ebibeyín
ya no había agua ni luz en el hospital, el coche
de la Dirección estaba en el taller, las salas
casi desiertas, y un búho que muchos atribuían
la mala situación. Los estadillos reflejaban
como término medio ingresos de 350.000 f,
gastos de 250.000 f. remanente 100.000 f a
ingresar en el banco. En un año llegamos a
ingresos de 1.000.000 f, y en casi dos años ya
había meses de 3.000.000 f. Evidentemente así
subían los gastos en 800.000, 1.600.000 (son
datos aproximativos).

Nos llovieron acusaciones día y noche, sobre
todo por la Delegación Provincial de Sanidad
de KN. Un día el Ministro me amonestó por no
haber asistido el domingo a su reunión. Yo le
dije al Delegado Provincial que nos anunciaba
el Ministro estaría el domingo en Ebibeyin y
tendría una reunión por la mañana. Yo le dije:
“Yo trabajo para ustedes de lunes a sábado
como un burro; pero los domingos me voy a la
iglesia. No podré estar a esta hora”. No asistí y
me costó 15 días de haberes. Pocos meses
después le cesaron y luego me enteré que se
había muerto de una enfermedad. Lo que
lamenté fue el desprecio que muchas
autoridades aquí tienen de cuando se trata de
Dios. Usted es Ministro, usted no es Dios.

En 2004 ya había sido nombrado Subdirector
Ejecutivo de GECOTEL, pero dos semanas
después nombraron otro Ministro, quien a su
vez trajo otros nombramientos. Recuerdo
todavía las caras que estaban para llorar en la
despedida. Pues en dos semanas habíamos
movilizado muchas cosas y el personal parecía
darle sentido a su trabajo.

En 2005 por accidente fui nombrado Director
de Aldeas Infantiles. Ahí, aunque empecé a
trabajar muy bien, la causa de mi despido vino
de mi propia actuación muy vergonzosa: me
enamoré de una niña de 18 años de la misma
aldea, cosa que hasta hoy no le encuentro
mucho sentido. De tantas mujeres que había…
presenté mi dimisión.

Después del incidente de las Aldeas SOS fue
cuando recibí a Cristo como mi Señor y
Salvador. Me sedujo y desde entonces no he
vuelto a ser el mismo.
Evidentemente tengo razones para odiar, pero
el odio lleva a la muerte, por eso muchos de los
que quieren tratar los temas de este país están
tan muertos por ese odio que sin darse cuenta
están eligiendo los medios de la
autodestrucción. Dios me dijo: “Yo lo hago por
el Pueblo”.
Para cualquier pregunta o duda:
Martín Esimi Mbomio Tel. 222605623

de todo eso. Algunos detalles. Unos días antes
mi mujer venía quejándose de que mi madre
fue a hablar en su pueblo (Nkumtom Esawong)
que mi mujer le desprecia, que en caso de
muerte que ella no asista a su ceremonia de
defunción, etc. Entonces mi mujer habló con
Bonifacio y éste convocó a mis padres… Mi
padre se fue y no mi madre. Luego Bonifacio
me llamó por teléfono que yo fuera a su casa,
le dije que yo hablaría con mis padres y
decidirían el día para una reunión familiar. Dios
ya me había dicho de no acercarme a él. Al
final mi mujer dijo que todo el asunto puede
quedar resuelto si sólo visito a su tío y
hablamos del tema. Yo ya había aceptado que
al amanecer me iría a verle. De madrugada la
voz me dijo: “Hijo mío, por favor, no te vayas”.
En lugar de irme decidí pasar un día de retiro
(ayuno y oración). Dije a mi mujer que he
suspendido la visita porque Dios quiere que yo
ayune ese día, ya iré otro día.

En los días previos al incidente del 17 de julio
2017, mi mujer decía que es mejor que nos
separemos de casas, que yo me quede en la
que estamos y ella se vaya con los niños a la
otra. Le dije que no estoy de acuerdo. Recogió
las cosas más de una vez que ya se va a la otra
casa, pero le dije que si iba no llevaría a los
niños. Por eso desistió. Además, le dije que a
cualquier lugar que vayan, yo también iré.

Entonces cambió de estrategia: salió de
nuestra habitación y fue a otra libre. Dijo que
cada uno esté en su cuarto. Al anochecer Dios
me dijo de dormir donde ella duerme, que yo no
duerma en una habitación aparte. Y así lo hice,
le dije a mi mujer que como la niña tenía fiebre,
era mejor que yo estuviera a su lado toda la
noche. Después de dos noches, como ya no
me quedaba excusa, le expliqué que lo normal
es que estemos en la misma habitación para
no dar mala imagen a los niños.

Tres o dos días antes del incidente, tuvimos
una discusión y mi hija mayor (18 años) se fue
de casa. Pensé que se había ido donde mis
padres, pero no, me dijo después que estuvo en
casa de Bonifacio, ahí había pasado la noche.
Me enfadé porque ya había dicho a mi mujer
que ninguno de mis hijos fuera más a esa
casa. Mi hija dijo que ni siquiera había visto al
mismo Bonifacio, que durmió con los niños.

El famoso día del incidente ya lo he contado en
otro mensaje: que una vestida de musulmana
entró a visitar a uno de mis inquilinos llamado
Valentín, creo también de Burkina Faso. Me
llamó la atención que cuando mi hija abrió la
puerta a esa extraña no se cruzaron palabras
como saludos o a quién buscas…, la mujer
entró como si fuera inquilina nuestra; incluso
los mismos inquilinos también conversan un
poco. Minutos después pillé una conversación
en que esa joven decía en fang por teléfono: “…
yo ya estoy en el lugar… ¿yas estás en el
cuartel?...” ; que al hablar en voz baja tuvo que
repetir lo del cuartel unas tres veces. La voz de
hombre que yo había oído el sábado volvió a
sonar bajo, entonces ella se cayó. Descubrí
después que el dueño de la casa estaba fuera,
y tanto él como su mujer me afirmaron que
sólo ellos dos estaban en casa, que ahí no
había otra persona.

Todo eso había pasado el lunes; el martes
regresé a casa para echarlos. Cuando llegué
los niños me abrieron el cerco; nada más
entrar, me fui directamente a la puerta de
Valentín, antes de tocar la puerta mi mujer
empezó a llamarme: “Ven aquí antes, quiero
que hablemos antes…” yo no le hice caso.
Después de decirles que abandonaran
(Valentín sí que estaba presente, Ousmane no
había llegado todavía), entré en mi casa. En el
cuarto la mujer se enfadó: “¿Cómo puedes
hacer eso a unos extranjeros? Primero se suele
avisar a la gente si hace algo; yo estuve todo el
día de ayer con ellos y no vi ningún militar…” Lo
que le hizo callar fue al decirle: “Si no estás
implicada en eso, cállate y no los defiendas”.
Luego me preguntó si Ousmane no podría
quedar y que sólo se fuera Valentín. No acepté.

El miércoles por la mañana llamo a mi hija de
18 años y le digo: “viste la chica que abriste la
puerta anteayer a medio día, la que ha creado
todo ese problema (pues cuando ella abrió la
puerta yo miraba por la ventana de cristal, yo
podía verles pero ellas no a mí)”. Entonces me
dijo: “Era clara”. Volví a preguntar: “¿Era la
mujer de Valentín?” y ella me dijo: “La mujer de
Valentín es negra”. Entonces le pregunté si
podría reconocer a aquella mujer clara en caso
de volver a verla, fue cuando cambió la versión:
“Ahora que me acuerdo, no soy yo quien fue a
abrir la puerta; fue el hermanito, yo estaba ahí
(un lugar algo distante)”. Como yo mismo le
había visto abrir la puerta y la forma en que
entró aquella mujer, como si fuera de la casa,
supe que mi hija empezaba a mentirme. La
dejé y media hora después volví a llamarla en
la habitación. Dios ya me había dicho que mi
mujer sí que está detrás de toda esa operación.
Le dije a mi hija: “Mira, soy tu padre; si te he
ofendido alguna vez te pido que me perdones,
lo habré hecho sin mala intención; pero hay
algo que quiero decirte: cuando tus padres
tenemos problemas yo quiero que te apartes,
no te mezcles en los problemas de tu mamá y
yo”. Ella negó que no sabía de qué hablaba, que
no se acordaba de la chica que había entrado y
eso le convertía en cómplice. Le expliqué que
la idea de querer engañarme sí que le convierte
en cómplice, porque yo mismo vi cómo le
habrían la puerta.

Al día siguiente, al volver a hablar del asunto,
mi hija volvió a cambiar de versión: “Ahora que
me acuerdo bien, yo no vi a esa chica, sólo vi
sus pies porque la vi cuando aún estaba fuera
del cerco”. Mi sobrina y yo quedamos muy
asombrados aún más. Nuestro cerco está
cerrado y no podemos ver a nadie cuando toca
la puerta. Todos los que nos visitan saben que
antes de abrir la puerta del cerco siempre
preguntamos quién es, pues no podemos
verlos desde dentro. En fin comprendí que mi
hija estaba intentando proteger a su madre.
Fue entonces que todas las piezas empezaron
a encajar. En realidad después del fracaso que
tuvieron el 5 de noviembre 2013, no
abandonaron. Le propuse matrimonio en la
iglesia pensando que eso mejoraría su
situación espiritual, pero de nada sirvió. Un
ejemplo de ello fue que tres días antes del 5 de
noviembre estábamos planificando nuestra
boda. ¿Se imaginan lo que significa planificar
una boda con alguien sabiendo que en tres
días estarás muerto? ¡Qué nivel de cinismo!

Esta última versión de mi hija fue el jueves 20.
Mi mujer supo que yo ya le había descubierto y
ya no sabía qué más hacer. El viernes por la
noche yo terminé de bañar a los niños más
pequeños como siempre y decidí descansar
pensando ducharme a las 22 horas. No sé
cómo pero me desperté a las 23h30. Cuando
miro, la cama vacía, toda la casa vacía y sólo
mi sobrina dormía. La llamé y pregunté dónde
estaban los demás. “Se fueron, si pensé que se
había despedido de ti; iba preparando las
cosas, subió el volumen de la música y creo
que los niños se fueron antes. Pensé que se
había despedido”. Entonces oramos para pedir
la intervención de Dios.

El sábado por la mañana aviso a mis familiares
y suegros, incluido Bonifacio, que ella se ha ido
de casa y no sé dónde está porque su teléfono
no pasa. Por la tarde llego a la otra casa que
tenemos y lo que encontré fueron los bultos de
ropas y enseres que habían traído. No habían
abierto nada. Estaban en otra parte. Pasó el
domingo. El lunes por la mañana llamo a
Bonifacio y me dice que mi mujer está con los
niños en su pueblo (Nkumtom). Le dije que ella
trajera a mis hijos; entonces se enfadó que se
lo he dicho, dijo que yo hablara primero con mi
padre y son los que hablarían con él.

Fui a ver a mis padres y me aconsejaron que,
aunque lo que les cuento es el intento de
asesinato, que yo me vaya a Nkumtom a
preguntar a la mujer el porqué se ha ido de
casa de esa manera con los niños. En camino a
Nkumtom llamé su teléfono, ya empezaba a
pasar, sonó hasta agotarse y ella no cogió.
Cuando llego encuentro que se está
preparando para ir al trabajo (Delegación
Regional de Tráfico). Le pregunto por qué no
ha cogido la llamado. “Es que sólo sonó una
vez, cuando quise cogerlo ya se había
apagado”. Le pregunté la razón de su huida: “la
razón por la que estoy aquí es que tu madre
vino a hablar aquí de cosas que le hago, y
como ni tú ni ella queréis venir a arreglarlas,
por eso he decidido venir aquí hasta que se
hable del caso”. Le pregunté y porqué trajo a
los niños, me dijo que sabía que yo no podía
dejarle llevarlos a las buenas. Entonces me
cabré, cogí los tres pequeños que estaban ahí y
los metí en el coche. Se quedó con las dos
mayorcitas y el que aun toma biberón. Hubo un
gran ruido, sólo que no había mayores a más
de mi cuñado y cuando este decía que yo baje
a los niños ni le hice caso.

Traje a los niños a casa de mis padres. Luego
papá me llamó que Bonifacio ha amenazado
por teléfono que he ido a coger a los niños.
Que si vuelvo a pisar Nkumtom yo lo veré. El
mismo día por la tarde, yo dije a mi mujer que
también le dijera a Bonifacio: “Dile que yo ya sé
quién es, pero yo no le tengo miedo; él no
puede hacerme nada. Lo que lamento es haber
orado tanto por un terrorista”. Pues Bonifacio
estuvo implicado en el intento fallido de golpe
de estado de Simon Mann hace años, y creo
que fue condenado a algo. Entonces oramos
mucho pensando yo que era inocente.

En fin, puedo decir que en la práctica, tres de
mis hijos están como secuestrados en
Nkumtom. Viendo la situación, yo estoy
esperando que ese caso se pueda tratar, pues
yo no pienso acercarme a ellos si todo no está
resuelto.
Creo sinceramente que Bonifacio Nguema
Ndong tiene algo que le hace desear mi
muerte. Les toca a las autoridades investigar
de qué células se trata y dónde encontrarlas.
MI VIDA SIGUE CORRIENDO PELIGRO. EL
JUEVES FUI ENVENENADO POR UNA
HERMANA EN CRISTO DE MUCHA CONFIANZA.
PASÉ MÁS DE DOS HORAS VOMITANDO Y
ESCUPIENDO MOCO., DEBIDO AL HUEVO QUE
ME SIRVIO. RUEGO DIOS PUEDA TOCAR A LAS
AUTORIDADES PARA ACABAR CON ESE TEMA
QUE DIOS BENDIGA A GUINEA ECUATORIAL


SOBRE MARTÍN ESIMI MBOMIO
Como dije al inicio el anonimato ya no debe
seguir aquí. Soy Educador Social y trabajo en el
Ministerio de Educación como docente en un
centro de Bata.
Últimamente me habían nombrado Delegado
Provincial de Cultura de Wele Nzás; sólo estuve
dos meses y luego el cese. Ni siquiera cobré,
pagué los gastos de alojamiento, manutención,
incluso la recepción oficial con dinero prestado
que estoy devolviendo.
Cómo pues llegué a ser nombrado. Un amigo
de D. Involucrado me dijo: “….mira, él ha dicho
que necesitan a alguien en Mongomo y yo he
pensado en ti; entonces ha dicho que te
pregunte”. Yo, para no levantar sospechas,
acepté. En los meses que estuve en Mongomo
fue cuando noté que con toda seguridad D.
Involucrado estaba al día del viaje que le
implicaba ante S.E.

También fui (2006-2008) Administrador del
Hospital de Ebibeyín. Otro destino complicado.
Fuimos un equipo (Gerente, Técnico y
Administrador) trabajador. Teníamos muchas
ganas de cambiar las cosas, pero fuimos muy
decepcionados. Cuando llegamos a Ebibeyín
ya no había agua ni luz en el hospital, el coche
de la Dirección estaba en el taller, las salas
casi desiertas, y un búho que muchos atribuían
la mala situación. Los estadillos reflejaban
como término medio ingresos de 350.000 f,
gastos de 250.000 f. remanente 100.000 f a
ingresar en el banco. En un año llegamos a
ingresos de 1.000.000 f, y en casi dos años ya
había meses de 3.000.000 f. Evidentemente así
subían los gastos en 800.000, 1.600.000 (son
datos aproximativos).

Nos llovieron acusaciones día y noche, sobre
todo por la Delegación Provincial de Sanidad
de KN. Un día el Ministro me amonestó por no
haber asistido el domingo a su reunión. Yo le
dije al Delegado Provincial que nos anunciaba
el Ministro estaría el domingo en Ebibeyin y
tendría una reunión por la mañana. Yo le dije:
“Yo trabajo para ustedes de lunes a sábado
como un burro; pero los domingos me voy a la
iglesia. No podré estar a esta hora”. No asistí y
me costó 15 días de haberes. Pocos meses
después le cesaron y luego me enteré que se
había muerto de una enfermedad. Lo que
lamenté fue el desprecio que muchas
autoridades aquí tienen de cuando se trata de
Dios. Usted es Ministro, usted no es Dios.

En 2004 ya había sido nombrado Subdirector
Ejecutivo de GECOTEL, pero dos semanas
después nombraron otro Ministro, quien a su
vez trajo otros nombramientos. Recuerdo
todavía las caras que estaban para llorar en la
despedida. Pues en dos semanas habíamos
movilizado muchas cosas y el personal parecía
darle sentido a su trabajo.

En 2005 por accidente fui nombrado Director
de Aldeas Infantiles. Ahí, aunque empecé a
trabajar muy bien, la causa de mi despido vino
de mi propia actuación muy vergonzosa: me
enamoré de una niña de 18 años de la misma
aldea, cosa que hasta hoy no le encuentro
mucho sentido. De tantas mujeres que había…
presenté mi dimisión.

Después del incidente de las Aldeas SOS fue
cuando recibí a Cristo como mi Señor y
Salvador. Me sedujo y desde entonces no he
vuelto a ser el mismo.
Evidentemente tengo razones para odiar, pero
el odio lleva a la muerte, por eso muchos de los
que quieren tratar los temas de este país están
tan muertos por ese odio que sin darse cuenta
están eligiendo los medios de la
autodestrucción. Dios me dijo: “Yo lo hago por
el Pueblo”.
Para cualquier pregunta o duda:
Martín Esimi Mbomio Tel. 222605623



Fuente: Jesús Puede

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El contenido de los artículos publicados no refleja necesariamente la opinión de la redacción de guinea-ecuatorial.net
Véase también la declaración sobre el uso de seudónimos

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