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Editorial

Nze Nfumu señaló, en su libro, quien fue el autor del horror del baile de Mokom


publicado por: REDACCION guinea.net el 06/04/2013 21:41:14 CET

La incriminación contra Bonifacio Nguema es una burda mentira para evitar los efectos del libro ”Macias, Victima o Verdugo”, donde señala a Obiang Nguema como autor de los magnicidios de la navidad de 1976.

Según la información fidedigna de Ponciano Mbomio publicada aqui, ”el día 18 de enero de 1978, a las 14 horas, es asesinado JOB OBIANG MBA en las oficinas de la Cárcel de Black Beech”

En un viaje oficial que realizó Agustín Nze Nfumu a Camerún en 1977, se quedó ahí exiliado porque su padre era un fang de origen camerunés. Nada puede saber por tanto Nze Nfumu sobre la muerte de Job Obiang, ya que cuando fue asesinado, 18 de enero de 1978, él se encontraba en Camerun y ahí permaneció hasta el golpe de Estado de 3 de agosto de 1979.

Nze Nfumu escribió en su artículo ”Ya que tenemos que hablar” (1) de esta pagína web que ”...En la misma trama, unas semanas después, eran principios de diciembre, perecían por la paliza recibida en un baile macabro organizado en el patio de la cárcel por el jefe de la misma, Sargento Ondo Ela, los Señores José Esono, Sacerdote, Pablo-Guillermo Nseng, Manuel Nzi Mba, Rafael Mambo, Job Obiang Mba y quedaban muy mal heridos Norberto Nsue Micha y Miguel Eyegue Ntutumu. En boca de los mismos solo había un nombre: Bonifacio Nguema Esono...”

La fecha que da Nze Nfumu de la muerte de Job Obiang es errónea. Job Obiang murió mucho más tarde que todos los falsos implicados en la trama. El objetivo de Nze Nfumu es incriminar a Bonifacio Nguema Esono, incriminación falsa y que solo busca amparar a su defendido, el hombre al que protege y que es su jefe actual.

En su libro ”Macias, verdugo o víctima”, Nze Nfumu vuelve a relatar casi en primera persona, lo que ocurrió en la cárcel de Black Beack a finales de 1976 y comienzos de 1978. En su relato hay algunas inexactitudes y además juicios de valor negativos para con las personas como Jesus Alfonso Oyono Alogo, que luego fueron asesinadas.

Extractos del libro de Nze Nfumu:

-“¡Conque Secretario General Permanente del Partido! ¿eh? ¡Y pretendía matar a Macías!” -soltó uno al mismo tiempo que le propinaba una bofetada.

-“ ¡Os aseguro que en mi vida podría intentar tal cosa! ¡Yo no puedo querer matar al Presidente!”- replicó, entre bofetadas y patadas, el desafortunado Buenaventura Ochaga Ngomo. La conversación la mantenían en fang.

Alguien le quitó el reloj; otro los zapatos. Nadie volvió a saber de dichos objetos ni en la prisión, ni fuera. El del reloj le dijo: “son las tres y media; acuérdate bien de esta hora, no creo que vuelvas a ver otra hora en un reloj”. Lo desnudaron y arrojaron al interior de la celda, antes de correr con un estruendo infernal el cerrojo de hierro.

Quince minutos después, traían a Jesús Alfonso Oyono Alogo, otro seguidor de Macías desde los primeros momentos, que era secretario de estado en el momento en que fue arrestado. Siguió la misma suerte que su compañero. Ambos eran de Ebebiyin y eran los pilares más fuertes del distrito que le quedaban a Macías; dos elementos determinantes de su campaña electoral allí. ¡Cuántas penas, anteriores a su desgracia, tenían que lamentar!

Todos los que nos encontrábamos en las demás celdas -la mayoría era del grupo del Infortur- nos quedamos de piedra, nos entró pánico. Ignorantes de lo que les pasaba, Ochaga y Oyono Alogo empezaron a interesarse -un tanto en tono de broma- sobre los que se encontraban en las demás celdas. Se permitían bromear y hasta preguntarse qué cara pondría el Presidente cuando se enterase de que estaban encerrados: tanta era la confianza que tenían en su situación privilegiada... Los dos estaban persuadidos -convencidos- de que “papá Macías” -como le llamaba siempre el primero- no podría admitir que ellos estuviesen encerrados, y hasta lamentaban la suerte del vicepresidente del Gobierno, Bonifacio Nguema Esono (de quien estaban seguros había salido la arbitraria orden de arrestarles, por razones de envidia política y de la lucha por la sucesión que se había entablado entre todos los políticos de relevancia).
…..
Cinco minutos después de su salida de las celdas, llegó a nosotros un dramático y desgarrador alarido; reconocimos la voz de Buenaventura Ochaga. Fue un lamento animal, lleno de desesperación, lleno de decepción. Habían empezado a torturarle de nuevo. Le amarraron en forma de madeja y así lo tiraron al suelo al tiempo que lo rodeaba un grupo de soldados armados con garrotes. Cuando empezaron a pegarle, salvaje y cruelmente, sin discriminar ningún lugar del cuerpo, Ochaga se desengañó, comprendió que su sentencia de muerte había sido firmada. Sólo pudo gritar varias veces que no sabía nada, que no había intentado matar a su Presidente; un golpe debió hundir su dentadura postiza, porque Ochaga no siguió hablando, pero siguió oyéndose un quejido inhumano por cada golpe que el desgraciado recibía de sus despiadados verdugos. Hasta que dejaron de oírse los quejidos y los golpes parecieron caer sobre un simple saco de arena. Nos enteramos después de que Ochaga había dejado de sentir los golpes un cuarto de hora después de iniciarse la tortura, aunque sus verdugos siguieran azotándole. ¿Lo mataron allí y después se lo llevaron a otra parte? ¿Lo remataron fuera de la cárcel?... Eso sólo sabrían decirlo los verdugos, quienes hoy en día, aún siguen paseándose tranquilamente entre nosotros; pero lo cierto es que no lo devolvieron vivo a su celda y Ochaga desapareció, sin que nadie supiera, a ciencia cierta, qué se hizo con su cuerpo.
…..
Oyono Alogo asistió temblando a la mortal tortura de su compañero de infortunio, hasta que le tocó el turno. Sólo se limitó a llorar de rabia y de impotencia, culpándose de haber contribuido él mismo a crear la monstruosa maquinaria que estaba ahora inmolándole. Así, pensando que, en resumidas cuentas, tenía un poco merecida su suerte, por haber ayudado a criar el cuervo, Oyono Alogo fue extinguiéndose bajo la lluvia de azotes, con los hilos de alambre con que le ligaron las manos y los pies atravesándole la carne y bañándole en su propia sangre. Corrió la misma suerte que su compañero. Oyono Alogo no volvió a su celda... a sus esposas les devolvieron los bolsos una semana después.
…..
Las órdenes de Macías habían sido cumplidas. Pero alguien fue el ejecutor, el motor que puso en marcha todo el engranaje. Alguien había planeado fríamente la eliminación física de unos elementos que constituían unos rivales muy difíciles de vencer en la carrera hacia la sucesión del trono. Alguien había logrado eliminar a dos de sus mayores adversarios. Macías sólo había servido de instrumento en manos del vengador para la ejecución de su satánico plan. Todo el pueblo de Guinea Ecuatorial lo sabía entonces y lo sabe hoy en día.
.....”
fin de extractos

Aquí en este último párrafo, Nze Nfumu estaba señalando al que ejecutó el plan para suceder a Macias sin la presencia de personalidades importantes. Y no parece que el señalado sea Bonifacio Nguema Esono, como dijo luego en estas páginas de guinea-ecuatorial.net en su artículo ”ya que tenemos que hablar”. El señalado, el autor del plan satánico, está muy bien señalado y todos interpretamos que es el actual dictador Obiang Nguema.

El libro fue escrito antes del cruce de acusaciones entre Agustin Nze Nfumu y el grupo de Fuerza Democrata Republicana y posiblemente contuviera, a pesar de algunas inexactitudes, más elementos de verdad que las acusaciones que vierte, años después, contra Bonifacio Nguema Esono. Nze Mfumu es el maestro del arte camaleónico.

Job Obiang Mba no estaba destinado a ser asesinado por el clan de Mongomo que protagonizó los graves acontecimientos del baile de Mokom. Por eso se le mantuvo con vida durante todo el año 1977. Algo hizo que, pasado el periodo de la matanza, Job fuera asesinado el 18 de enero de 1978 en Black Beach.

Al parecer Macias, tras varios años de aislamiento en su pueblo y con el pais en manos del clan de Mongomo afincado en la capital, hizo un viaje a China o a la Corea de Kim Il Sung, pasando por Malabo. Hizo traer en Malabo a Job Obiang para que le explicara lo que habia pasado, pero no pudo hablar mucho porque alguien no dispuso las cosas como Macias ordenaba. Macias en el último momento le prometió a Job que le vería con más detenimiento a su vuelta del viaje y tomaría las medidas. Cuando Macias volvió de ese viaje, hizo llamar a Job pero le dijeron que éste habia muerto en la cárcel. A alguien no le interesaba que Macias supiera toda la verdad. Macias sabía ya que estaba siendo traicionado y que el suelo se movia bajo sus pies.

(1) http://www.guinea-ecuatorial.net/ms/main.asp?cd=ni1748


Fuente: guinea-ecuatorial.net

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Véase también la declaración sobre el uso de seudónimos

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