Asistimos, una vez más, a la pérdida de vidas humanas en Guinea Ecuatorial que podría haber sido evitada. Ese pueblo asolado por la pandemia de la cerrazón de quien le gobierna, llora desde ayer la muerte de sus seres queridos, la mayoría estudiantes, según algunas informaciones.
Este tipo de hechos producen rabia e impotencia. Dos sentimientos estos tan ligados a la situación por la que atraviesa desde hace muchos años la población guineoecuatoriana a la que el Estado no garantiza ni un mínimo derecho; ni siquiera el que representa uno de los más sagrados: el derecho a la vida.
Este accidente, cualquier accidente es previsible y así se ha demostado más de una vez en Guinea Ecuatorial donde nada funciona adecuadamente bajo el control de una administración poco preparada, incapaz, irresponsable y ajena a sus obligaciones para con sus ciudadanos. Salvo el férreo control que ejerce sobre la oposición o disidencia, el régimen no dedica los recursos del Estado a ofrecer y garantizar unos servicios básicos a la población cada vez más sumida en la catástrofe del desgobierno y de la corrupción de los que se mantienen en el poder a espaldas de la voluntad popular.
Es hora de pésames y condolencias a las afligidas familias de las víctimas de este desgraciado accidente evitable. Y mucho más trágico por el balance de víctimas que nos indican que pueden ser mas de 80. Aunque el número poca ayuda y resignación puede aportar a los familiares que se han visto desposeídos del ser querido, ni a nosotros que sólo nos queda mostrárles nuestra solidaridad y nuestro aprecio.
Pero, tras estos días de luto, tambien será hora de la reflexión y de la exigencia de los guineoecuatorianos al que les ”gobierna” para que este tipo de hechos no se reproduzcan y que responda y asuma sus responsabilidades en las graves negligencias-omisiones que se han observado y que han permitido esta tragedia.
Fuente: PERIODISTAS INDEPENDIENTES