La designación por el ejecutivo socialista de Ramón Gil-Casares Satrústegui, como embajador en Sudáfrica, no debería sorprender a nadie. Es el fiel y muy definido reflejo de lo que se viene observando en la política africana -muy concretamente con Guinea Ecuatorial-desarrollada por el titular de Exteriores, Moratinos, nombrado por Zapatero.
Claro, que una cosa es no sorprenderse y otra los logros o actitudes demostradas y conocidas durante la trayectoria del flamante embajador a lo largo de su carrera profesional. La suma de resultados obtenidos por Gil Casares en los importantes cargos que ha desempeñado durante el mandato de Aznar, nos dan un balance que nos lleva a naturales y lógicas reticiencias, dudas o rechazo en cuanto a su elección. Mucho más, tratándose de la representación diplomática española en el país africano que durante los últimos años es figura y voz a nivel internacional del resto de los que componen ese continente. A nadie se le escapa la importancia de Sudáfrica y la necesidad de que la persona elegida reúna, al máximo, los requisitos necesarios para desarrollar una labor adecuada. Y eso se debe valorar con su currículum en mano.
Desde el momento en que leí la información en EL PAIS, son muchos los sentimientos experimentados. Pero ha prevalecido en mí la de informadora -y de no haber estado en ”clases pasivas”, situación a la que me condenó este ”gran hacedor de la diplomacia”- me hubiera gustado hacerle una entrevista para saber cómo se plantea este nuevo ”reto” e interesante cometido, en su carrera. Pero rápidamente lo he desestimado conociendo su ”talante” cuando era director del Departamento de Internacional y Defensa del Gabinete de la Presidencia del Gobierno, ahí es nada. Siendo responsable de ese cargo y ante mi petición para realizarle una entrevista sobre la situación en Guinea, me exigió un cuestionario de preguntas en las que prevalecieran las relacionadas con el fútbol, música y costumbres en la antigua colonia y exigió como conditio sine qua non, no tratar ningún tema político guineano.
Resulta, que con la ”sana” intención de influir en mi labor periodística que consideraba desproporcionada y muy crítica hacia el régimen de Malabo, el ahora nombrado embajador por los socialistas, realizó una visita a Radio Exterior de España, durante la cual, saltándose las normas diplomáticas y con una prepotencia rayana en el totalitarismo, me instó a cambiar mi ”conducta” nada favorable hacia Obiang y su régimen, cuestión -que según me dijo- estaba perjudicando las buenas relaciones entre los dos paises. Mi respuesta, obviamente, no fue la esperada por él y en la despedida de tan complicado encuentro dejó traslucir una amenaza que meses más tarde materializó: cierre de la Emisión para Guinea Ecuatorial y correctivo al máximo nivel a quien no se plegó a sus exigencias y no rectificó. Y así fue, como los guineanos se vieron desprovistos del único medio existente en ese momento para conocer,objetiva, independiente y verazmente lo que ocurría en su país. Y así fue, como una informadora fue despojada y vió vulnerados todos sus derechos como profesional y como ciudadana.
Esta acción, planeada y ejecutada por Gil Casares, con el apoyo de Aznar, y que debe ser considerada como el mayor atentado al derecho de informar y ser informado, no ha tenido hasta el momento, ninguna respuesta y reparación adecuadas por parte del entonces principal partido de la oposición y que actualmente gobierna en España, el PSOE. Es de justicia el que así se hubiera hecho.
No será con mi silencio con el que se cuente a la hora de valorar nombramientos como el ahora realizado. Sé que mi opinión no cuenta, absolutamente, para quienes diseñan la política a desarrollar y la clase de política que debe hacerse. Ni es mi deseo el de considerarme o ser considerada como experta en temas africanos, por el largo período que estuve dedicada a la información de ese continente. Pero sirva esto que escribo como una denuncia de los tejes manejes de una política contraria a cualquier sensibilidad humana, justa y de transparencia, tal y como deseaban la mayoría de los españoles que depositaron su voto a favor de un partido, el PSOE, cuya exigencia prioritaria en su programa electoral era un cambio real en los métodos y formas utilizados por su predecesor en el Gobierno.
Quien maltrata o vulnera el derecho a la Libertad de Expresión no merece representar a un Estado de Derecho en ninguna parte del mundo.
Rafi de la Torre, miembro co-fundador de PERIODISTAS INDEPENDIENTES, con sede en Ginebra.
Fuente: PERIODISTAS INDEPENDIENTES