Dos largas dictaduras, o una dictadura dividida en dos fases, han azotado con crueldad a los hijos y residentes de Guinea Ecuatorial.
En nombre de su locura, Obiang ha matado, ha torturado, ha envenenado, ha encarcelado, ha humillado, ha empobrecido y ha destruido más que una catástrofe natural. No existe ningún valor moral en los jóvenes, las alcantarilladas de Malabo estallan de heces, los hospitales no curan sino que envenenan con la suciedad, los barcos se pierden en el trayecto Malabo-Bata, el primer ministro se enzarza en reyertas callejeras, los aviones se caen de cansancio y negligencia mientras Obiang sigue hablando de libertad y de paz en una Guinea sumida en la anarquía institucional.
Obiang pensaba que en un momento de su locura Dios le iluminaría y le perdonaría tanto crimen y despropósito. Copió de Mobutu y de Bongo todo lo peor, de ellos aprendió a delinquir y a destruir. Y como Mobutu terminará sus días si sus colaboradores no lo remedian.
Tanto dolor que causó, ahora debe saber lo que es el dolor. La miseria y la anarquía que sembró se ha vuelto contra él. Pero no quiere ni puede cambiar. Ni siquiera se atreve a dejarlo todo para descansar y esperar la muerte tranquilamente. Sigue queriendo matarnos a todos mientras la muerte le saluda en la proximidad del tiempo, al doblar la esquina. No piensa en el futuro porque no le queda ningún futuro. Ni siquiera piensa en el futuro de sus seres más cercanos y colaboradores. Ya le da todo igual.
Su hijo Teodorín se apresta a dar la batalla por el poder mientras dilapida los recursos del país. Su otro hijo Mbega Nguema está ampliando su círculo de incondicionales pertrechado tras Gepetrol, pagando y viajando a bodas en Madrid de sus amigos. Los dos están enfrascados en el ”course au pouvoir” de una monarquía tropical y abyecta.
Todos los guineanos hemos sido tocados en nuestra salud mental y física por la horrible tiranía del Alférez Teodoro. Algunos no podrán contarlo. Pero Obiang ha sido tocado en mayor medida por sus propias artes destructivas. Ha jugado con fuego y el fuego ahora le consume en sus entrañas. Obiang est bien touché.
Los colaboradores son conscientes -los que tengan consciencia- de que esto se acaba. Deberían trabajar para evitar la anarquía creciente porque cuando llegue el momento, la ira contenida de los guineanos puede revestir caracteres de tragedia nacional.
Los occidentales llevan toda la vida cultivando escenarios donde los negros se autoinmolan al amanecer de un día X, ampliando los efectos del apocalipsis largamente tejido por ellos. Europa y America saben que Obiang ha hecho mucho daño y el daño se paga más tarde. Siguen alabando y protegiendo al asesino sabiendo que su desaparición está cercana. ¿Quien protegerá a los guineanos de la ira de los guineanos?.
Luego dirán que es una merienda de negros, cuando han sido ellos los que han preparando el escenario de la merienda, cuando son ellos los que poco les ha importado que Guinea no tuviera dirección ni organización, atacando, al mismo tiempo que el tirano, las bases humanas de donde podría emerger la fuerza del orden y la razón. Mientras tanto Occidente come y bebe nuestra sangre...porque parece que Cristo no ha resucitado.
¿Quien contendrá nuestra ira?
Es hora de que los colaboradores se apresten a pasar el poder al pueblo mientras Obiang, en su lenta agonía, sigue delirando con discursos inconexos. La dictadura es un mal negocio donde al final todos pierden.
¿Qué se debería hacer en estos momentos?
1) Liberar a todos los presos políticos.
2) Salida de Obiang del país
3) formación de un gobierno de concertación, primer paso del plan de
transición pactado por DECAM.
Prolongar la situación actual es suicida para Obiang y para sus colaboradores. Guinea no puede aguantar por más tiempo esta situación de parálisis donde nada funciona y todos -Obiang y ministros incluidos- esperan que algo suceda. Los colaboradores y la oposición en torno a DECAM tienen la palabra.
Nvo e´Zang Okenve Mituy
Fuente: propia