Rodrigo Rato fué a negociar que Obiang le regale un millón de dólares
Bata, 15 de Marzo de 2006.
Rodrigo Rato fué invitado por Obiang para asistir a la fiesta de los dictadores del Africa Central. Su visita iba a dar mayor fulgor a los actos lúdicos que Obiang, el rey petróleo, había preparado sin parar en gastos.
Oficialmente el viaje aparece justificado como un evento de la comunidad regional del Africa Central a la que asiste el Director del Fondo Monetario Internacional.
Después del evento, Rodrigo Rato firmó un acuerdo con Marcelino Owono Edu, ministro de Economía y Hacienda. Mediante este acuerdo, Guinea contribuirá con 1,1 millones de dólares para pagar los gastos que incurra el FMI en su asistencia técnica a Guinea, durante un período que comienza este mismo año 2006.
Dicho llanamente: el FMI realizará una asistencia técnica a Guinea cuyo coste correrá a cargo de Guinea Ecuatorial.
Tras esta noticia se encierra toda una estrategia formulada por la gente del dictador para ganarse la simpatía y el placet de los organismos de Breton Woods, el FMI y el Banco Mundial.
Tanto el BM como el FMI acompañan actualmente las estrategias formuladas por el gobierno de Tony Blair para ayudar al desarrollo de los países subdesarrollados. Estas estrategias giran en torno a dos ejes: que la gestión gubernamental se haga bien (buen gobierno) y que los ingresos derivados de las riquezas minerales y petrolíferas sean conocidos, se gestionen bien y a favor de la población. El primer eje se conoce sintéticamnte como ”Buen Gobierno” (Good Governance) y el segundo eje se conoce como EITI, Iniciativa para la Transparencia de las Industrias Extractivas. Si bien el desarrollo económico no está garantizado con el despliegue de las medidas que ambos conceptos contemplan, puesto que el desarrollo económico no es una simple gestión técnica, pueden ayudar al menos a lograr una mayor justicia social.
Guinea Ecuatorial siempre ha deseado cortejar y apropiarse de ambos conceptos para estar libre de cualquier sospecha de mal uso de los recursos petrolíferos o de cualquier sospecha de corrupción. El gobierno guineano conoce las trampas del sistema internacional. Las trampas son los informes. Y los informes son la nueva realidad, independientemente de lo que ocurra.
Ejemplo triste de lo que decimos es que desde que el grupo africano de la Comisión de Derechos Humanos hizo retirar la visita anual del relator de Derechos Humanos, Guinea presume de que ya no existe violación de Derechos Humanos en el país y ”eso está avalado por la comunidad internacional que decidió retirar la vigilancia del relator de DDHH” (Miguel Oyono, Foro de Guinea). Todos sabemos que desde ese año, 2002, Guinea ha batido su propio récord de violación de Derechos Humanos y que nunca, ni en tiempos del anterior dictador Macias Nguema, hubo una población de reclusos políticos, más de 300, como la que hay en estos momentos.
Estas son las trampas de los organismos internacionales, que controlan con informes y esos informes pueden ser manipulados por el que tenga más dinero o más poder. Obiang y su gente lo sabe.
Siempre que Guinea ha sido acusada de violar los Derechos Humanos o de practicar la corrupción, ha contestado que tiene voluntad para terminar con los abusos pero necesita asistencia técnica y está dispuesta a pagar esa asistencia técnica.
Debemos interpretar entonces que para que el director de la seguridad presidencial Ondo Nkumu deje de torturar a los detenidos o de secuestrar a los refugiados, hace falta una asistencia técnica.
Debemos concluir también que para que Obiang y sus sobrinos Edjo dejen de manejar las riquezas del petróleo como riqueza propia, hace falta asistencia técnica.
Detrás de esa asistencia técnica que se pide y que se está dispuesto a pagar, se esconde la voluntad del gobierno guineano por ocultar mediante estratagemas ilícitas la situación grave de expolio de las riquezas nacionales por parte de una familia o la voluntad de acallar a los organismos internacionales pagando a sus funcionarios sus ”servicios de asistencia técnica”.
La trayectoria que debe recorrer un país para que se ajuste a los requerimientos de la iniciativa para la transparencia de las industrias extractivas EITI, pasa a la fuerza por la existencia de una sociedad civil libre y activa, que vigile junto con el gobierno, el monto de los ingresos petrolíferos y su uso a los fines pactados.
Ante la ausencia de esas condiciones, mejor dicho, dado que Guinea no está dispuesto a cumplir esa primera condición -que pasa por devolver las libertades al pueblo- el gobierno negocia con los organismos internacionales la creación de un Fondo de Desarrollo nutrido con una parte de los ingresos petrolíferos, que será gestionado por el FMI y el Banco Mundial entre otros, para realizar obras sociales en Guinea Ecuatorial, fuera del marco legal previsto por las propias leyes de la dictadura. De esta forma Obiang quiere que sea el FMI o el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo PNUD quienes den la cara cuando la población acuse con razón a Obiang de expoliar de las riquezas nacionales.
Obiang y sus sobrinos están dispuestos a comprar su dictadura al precio que sea, pero no están dispuestos a abandonarla, ni siquiera a relajar por razones de eficacia técnica y económica, la fuerte vigilancia y control sobre la población. Ni siquiera el millón largo de dólares que se llevará Rodrigo Rato será capaz de convertir la rigidez primitiva de una economía medieval en un protocapitalismo decimonónico.
Guinea no necesita asistencia técnica. Guinea necesita la libertad.
Fuente: propia y agencias