Madrid.- 24 de julio de 2008. España sigue jugando las cartas que desde que Zapatero llegó al poder le han servido para congraciarse con dictadores y caudillos. Ante el hecho publicado por el diario El País hace unos días de que ni Zapatero ni el Rey recibirían a Obiang si visitase España, el señor Moratinos se apresuró a desmentir al diario El País asegurando que nada de verdad había en esas afirmaciones, por lo que debemos suponer todos los lectores de El País que el diario se inventó la noticia. O al menos eso es lo que ahora, el Gobierno socialista quiere hacernos creer.
Es de suponer que la noticia no gustó nada en Guinea Ecuatorial, como es de suponer que los validos de Obiang llamarían por teléfono al Ministro Moratinos para que diese las explicaciones pertinentes ante los hechos narrados por el diario. Sin perder un solo minuto, y pese a no estar previsto en agenda, Moratinos logra que el primer ministro de Obiang sea recibido hoy de urgencia en la Moncloa por el presidente Zapatero, presidente de todos los españoles, que con un solo gesto pone a España a los pies del dictador dejando que el dictador se limpie la suela de los zapatos en la Moncloa, símbolo de las libertades que tanto sudor, tanto esfuerzo y tanta sangre ha costado a los ciudadanos españoles.
El Gobierno de Guinea Ecuatorial en el exilio condena enérgicamente este nuevo ejemplo de la rendición de España a la política de caudillo de Obiang Nguema, y denuncia la falta de valores democráticos ante una recepción cargada de mentiras y de falsas expectativas. La recepción del presidente Zapatero en la Moncloa al hombre de paja Milan Tang es una falta de respeto a la Constitución española, a la carta universal de los derechos humanos, y significa un claro reconocimiento a la política de pistoleros de Obiang Nguema por parte de un Gobierno que cada día que pasa es menos democrático y menos independiente.
El servilismo de Moratinos convierte en víctimas a miles de guineanos y a millones de españoles que comprueban cómo un supuesto gobierno progresista que es capaza de criticar la guerra de Irak y al foto de las Azores, se reúne, se fotografía y se sonríe con dictadores y ministrillos bananeros bajo sospecha de asesinatos y violaciones de los derechos humanos, sin darle importancia a la imagen que España cosecha en el mundo. Lejos de los ejemplos de Argentina o Paraguay, la antigua Metrópoli quiere marcar el camino de la indignidad y la hipocresía. España ha perdido el norte, y por supuesto, el respeto de los guineanos que vivimos exiliados en este país, antes amigo, y ahora enemigo nuestro.
El doble rasero de la política española no dejará de pasar factura a los señores que Gobiernan España, pese a que no sean los tribunales, será la historia quien los juzgue. Obiang no va a durar siempre, y en un cercano futuro democrático para Guinea, España tendrá que pedir muchas disculpas y dar muchas explicaciones para tener relaciones viables con el nuevo gobierno que mas temprano que tarde llegará a Guinea Ecuatorial.
Suponemos que en la recepción al ministro Milan Tang no se le pedirán explicaciones acerca de los presos políticos, ni de la corrupción de su gobierno, ni acerca de la reciente acusación de blanqueo de dinero. Suponemos que dicha recepción, arropada por Moratinos, transcurrirá dentro de los cauces de la cordialidad, los mismos que cualquier presidente democrático del mundo obtendría en España, al igual que los dictadores y ridículos y vergonzantes primeros ministros de dudosa solvencia y honradez.
Lejos de cambiar su política hacia Guinea Ecuatorial, el gobierno español, continua con su labor de acoso a la oposición democrática, demostrando que llegaron al poder con mentiras y con mentiras piensan seguir ocupando el mismo.
El Gobierno de Guinea Ecuatorial en el exilio considera repugnante la actitud del Gobierno de España que prefiere petróleo a cambio de vidas humanas y recuerda al Gobierno del señor Zapatero que Guinea Ecuatorial no es solo Obiang, y que ese señor primer Ministro que ahora usurpa el territorio español forma parte de la farsa de la dictadura, de la farsa de las elecciones del pasado 4 de mayo, de la farsa de la que España tomó parte y facilitó con observadores ciegos, sordos y bien pagados por la dictadura de Obiang.
Fuente: Gobierno en el exilio