Estimados amigos,
Los movimientos que se han producido, ”efecto Pocero, con un ”vocero” sin credibilidad alguna, Urdaci, para más señas; Fundación ”al abordaje” (otra más, pa ná de ná, que no sea lo que ya se ha dejado patente); el Congreso de Literatura del cual no ha trascendido ná al pueblo de Guinea y un largo etc, demuestra que España prosigue con su errática política hacia Guinea, sin querer hincar el diente al objetivo prioritario: la exigencia al régimen de Malabo de que cumpla las leyes nacionales e internacionales, asi como los convenios que ha firmado y que quedan en aguas de borrajas sin el cumplimiento debido.
La creación de la revista Palabras, (siempre es bienvenida una nueva publicación) me temo que se va a quedar, tal como se señala por algunos de vosotros, en ”muchas palabras y poca chicha”. Decir que una revista será distribuida en Guinea (1000 ejemplares, creo) sin que lleve el sello y visto bueno de Obiang, es ciertamente sorprendente, chocante. Como no dispongo de elementos de juicio de primera mano para calificar esta nueva tentativa de aparentar cierta ”normalidad” en la cosa guineana, espero tener acceso al número cero para determinar cúal es el objetivo que se persigue. Lo que está claro es que desde hace un tiempo se están elaborando menús especiales a imagen y semejanza de ”la cosina” guineana con ingredientes made in Spain, sin que se conozcan los chefs que los elaboran. Personalmente, creo que esos menús no serán de fácil digestión para Obiang y mucho menos que obtendrán resultados que repercutan en el cambio y bienestar del país.
Lo de Guinea jamás se ha ”abordado” con pragmatismo y siempre se recurre a paños calientes de corta repercusión. Pero, en ese corto período sí que se ha observado que los dineros han pasado a bolsillos que no lo han dedicado a una solución satisfactoria de larga duración. La nueva ”ofensiva” para crear el anbiente necesario en la consecución de una Guinea mejor, lamentablemente, adolece de lo de siempre: métodos firmes y concretos que se encuentran a disposición de los gobiernos en la exigencia a los dictadores de un cambio real y definitivo en su política opresora y restrictiva de todos los derechos hacia los que dice gobernar.
Lo tenemos muy claro en relación al conflicto israelo-palestino. Se observa un trasiego diplomático sin precedentes; todo el mundo va y viene, dialoga sin tregua, pero el hecho es que no se ha parado el genocidio, sí genocidio, de más de un millón y medio de personas a las que el agresor ha situado en una ratonera de dificil, imposible escapatoria. Pero, que yo sepa o leído no se han puesto en marcha las exigencias de que Israel cumpla con las resoluciones de la ONU que durante años, tantos como la propia ocupación de Palestina, ha incumplido.
Con Guinea, aun siendo otra la raiz del problema, ocurre lo mismo. La experiencia ha demostrado que sobran palabras ante la carencia de hechos reales. A nivel de despachos nada se desconoce de lo que se ha producido en Guinea durante más de 30 años y sin embargo, las medidas, las respuestas son en muchos casos rayanas en la desverguenza. Delegaciones desplazadas a Guinea a fin de elaborar informes donde se reflejara la situación de derechos humanos y libertades nos han ruborizado al más pintado ante las declaraciones de los ”ojeadores” pertenecientes a partidos e instituciones españañolas, presentando un panorama que los hechos en sí mismos, desmienten. No se han registrado progresos en Guinea en ningún sentido y eso es más que evidente en contra de lo que estos ”enterados y electos (en su mayoría) personajes” nos han querido hacer ver.
Antes de que surjan voces que me adviertan que no soy guineana y que por tanto no me asiste el derecho a opinar, yo quiero aclarar que aun no siéndolo, puedo y debo hacerlo. Así como aclaro que estas reflexiones emanan desde mi propio análisis independiente de partidismos o intereses espúreos, que es como decir como siempre he actuado. Siento un gran aprecio, aunque no comulgue con sus planteamientos, por muchos guineanos que fuí conociendo en el camino recorrido durante mi presencia en la Emisión para Guinea y siempre he mantenido, ante sus actos, una benevolencia en atención a la situación de su país de larga existencia. Por tanto, no es un reproche ni me asiste ningún tipo de animadversión hacia nadie. Por supuesto si que, como siempre, rechazaré y condenaré a nivel personal ( el único al que tengo opción) las medidas de fuerza y coacción ejercidas desde el régimen hacia cualquier disidencia o libre expresión de la ciudadanía guineana.
No cabe duda que desde hace unos meses, quizás un año, se advierte una operación dirigida por españoles (ya lo comenté hace un tiempo) para captar voluntades/fidelidades a determinados políticos de la diáspora y del interior. El objetivo, al parecer, es otro más en buscar una vía de entendimiento con el régimen al que no se quiere disgustar de ninguna de las maneras. O sea, que se sigue bajo el chantaje impuesto por el dictador con consecuencias funestas para cualquier atisbo de solución real.
Con Obiang, el tiempo y los hechos lo corroboran, no valen componendas, compromisos, acuerdos...él siempre va a lo suyo, rompiendo de forma unilateral cualquier promesa o acuerdo firmado o sin firmar. La posición española con respecto a la situación que él mismo protagoniza en detrimento de la población le ha beneficiado por los años de los años...su chantaje residía, antes del boom petrolífero, en la seguridad y estabilidad de los cooperantes y religiosos presentes en Guinea, con valor añadido ahora como consecuencia del oro negro.
Aunque teniendo en cuenta la premisa de que la política es una mentira o al menos así se demuestra con los aconteceres de los que estamos siendo testigos, reacciones ambiguas, tibias incluídas, creo que es un proceder que no puede llevar a soluciones justas para los pueblos y lo que es más de desear: duraderas. Como tampoco es de recibo que los gobiernos digan una cosa y luego a espaldas de los que les votan hagan otra. Es lamentable, vergonzoso, que el sufrimiento de los pueblos se utilice como anzuelo para conseguir votos. Y el pueblo no se rebela (quizás ni es consciente de ello) preocupado cada vez más en mantener su puesto de trabajo, su modus vivendi y el ”tipo” ante la crisis que se vive propiciada por elementos exógenos a su comportamiento.
La operación hispano-guineana que anteriormente señalaba, no llegará a un puerto de bienestar y libertades tal como espera largos años la población guineana porque registra grandes defectos de diseño y vuelve a incurrir en los mismos parámetros equivocados. Los guineanos han vuelto a perder la ocasión de ser ellos mismos quienes lo diseñen y desarrollen. Guinea para y por los guineanos, sin que nadie les lleve la mano. Simplemente, les de cobertura en sus justas reivindicaciones, con o sin el visto bueno de quien les mantiene asfixiados durante más de tres décadas. En Guinea, faltan partidos que puedan moverse con absoluta libertad para formar e informar a sus ciudadanos de los derechos que les asisten. La revista en ciernes, no dudo que tendrá calidad teniendo en cuenta a quien se le ha dado la responsabilidad de regentarla. Otra cosa será que pueda publicar lo que muchos guineanos quieren saber abocados por el régimen a las tinieblas de la desinformación más abyecta.
Laborda y sus ”laborderos” tienen poco futuro. Todo quedará en gestiones de despacho sin eficacia alguna. Guinea necesita otros resortes de más conocimiento y voluntad verdadera en una solución con respeto a las necesidades y aspiraciones del pueblo.
Fuente: propia