Los pueblos y naciones se trenzan por periodo de vacas gordas y periodos de vacas flacas. El periodo de vacas gordas, es el consenso, la unidad, el bienestar, prosperidad, la aportación, la confluencia de los que viven y comparten las esperanzas, las ilusiones y los sueños juntos; es el periodo de participación de todos y todas, es la consideración de que, este trocitos de tierra, nos pertenece; no por contingencia ni por vaguedad, sino por el convencimiento, la persuasión y el raigambre de ser segmentos yuxtapuestos de esta Guinea Ecuatorial. El declive o periodo de vacas flacas, es el proceso inverso, es la desintegración, etnocentrismo, el racismo, la intransigencia, el fanatismo, las ideas segregacionistas, exclusivistas y la discriminación de los que burlonamente se sienten mejores, al menos dentro de su retrete.
Tanto los unos como los otros, deben saber que la unidad nacional, no se capa en la unidad de sangre, ni la unidad de sangre, se funda en la unidad nacional, pero favorece el proceso de vertebración. Guinea Ecuatorial, como ha ocurrido con otros pueblos, no rehusará su unidad dentro de la diversidad, porque la unidad nacional, no implica la muerte de los grupos étnicos que lo integran. Sin caer en la provocación, Guinea y los guineanos, no deben permitir el lujo de debilitar la pujanza patriótica para dar paso a la agitación sentimental de los grupos étnicos que la forman y que quieren la desintegración. Por encima de estas hueras ideas, un gobierno capacitado y una oposición legal y democrática y el pueblo, deben dinamizar el sistema democrático, estimulando a la población a una cohesión interna, para evitar la desintegración de nuestro minúsculo territorio.
Para los que hoy llevan el destino de nuestro pueblo, deben saber que la fortaleza y la firmeza que realmente impulsa y nutre el proceso de identificación con nuestro país, pasa ineludiblemente por un propósito atractivo de vida en común. Los grupos étnicos que integran el estado de Guinea Ecuatorial, viven juntos para algo; son una sociedad que ha de compartir los sueños y los anhelos, no podemos hablar de unidad, mientras reservamos un puesto de trabajo a mi ‘nieto’ de ocho años.
Hay grupos separatistas en nuestro país, no vamos a negar evidencias. Es ingenuo pensar que estos movimientos o grupos han nacido de la nada, sin causas ni motivos profundos que nos deben interpelar. Guinea Ecuatorial, nunca fue una homogeneidad de pueblo, por la colonia nos unieron; por tanto, los separatistas y algunos nacionalistas, tienden a dividir y abrir heridas habidos en nuestro país. Incapaces de leer la historia de Guinea Ecuatorial con reglones rectos, acuden a técnicas de discriminación, cismas y egocentrismos.
Ninguna zona, territorio, grupo étnico que componen la Guinea Ecuatorial, puede tiranizar a los demás. Para una Guinea Mejor, se requiere la colaboración de todos los guineanos y se ha de actuar como un todo. Los territorios que componen Guinea Ecuatorial, es decir, las partes individuales, adquieren grandeza y dignidad cuando se engendra la unificación y la incorporación de todos los pueblos de Guinea Ecuatorial en un común indivisible. Es una obligación, además de un deber de cualquier guineano de bien, evitar que las ideas particularistas, separatistas y terroristas lleven adelante el deseo de descomposición. Muchos de estos neurasténicos en vez de renovar ideas democráticas, poco a poco van triturando la buena convivencia y coexistencia de los grupos étnicos de Guinea Ecuatorial para fines privados y egoístas.
Nuestra convivencia debe ser dinámica y debe convertirse en una realidad activa; por que nos necesitamos unos de otros y hemos de sobrellevar y conocer las manías de cada región, grupo étnico que vive en Guinea Ecuatorial. Sabemos que hay muchos guineanos que conocen mejor la convivencia de las regiones y pueblos españoles que los propios pueblos de Guinea y se equivocan de escenario político cuando dictan y separan, aterran y manipulan, saquean y dividen.
Empeñarse en que todos los grupos tengan los mismos deseos, sentimientos y percepciones, es tan arriesgada como la idea de compartimentos estancos, donde cada gremio vive inescrutablemente cerrado en sí mismo, mirándose al ombligo y mascullando a los cuatro vientos que son los buenos y los más avispados. Y a cualquier diletante se lo hacen creer.
Algunos han hecho de Guinea Ecuatorial ‘cosa propia’ creen que no deben contar nada a los demás, ni tiene por qué contar con ellos en los asuntos que atañen a todos, éstos también son independentistas, separatistas y antidemocráticos. Porque nunca cabe en un mismo saco dos ideas antagónicas como absolutista y democrático; como nunca se es fanático y tolerante.
Hay muchos fanáticos en nuestra tierra y fuera de ella, que están convencidos, que todos los habitantes de Guinea Ecuatorial, los de fuera y los de dentro, opinamos igual. Ellos en lugar de persuadir, acuden a la negación del otro: su cultura, su conocimiento, su idiosincrasia. Los guineanos debemos decir muy alto a estos grupos de A y B que no queremos guerrear sino vencer. Nos falta la efusión del convencimiento, conocimiento del otro su yo más profundo y nos sobra la soberbia y el engreimiento.
A la Guinea ecuatorial de hoy, le falta hombres y mujeres de verdad, le falta líderes, le falta personas capaces de entusiasmar, motivar y condensar el dinamismo social. El tumor maligno que hoy padece el imaginario colectivo guineano, es que el entusiasmo, la ilusión del pueblo, depende del gobierno basto y de una oposición ganga y ficticia. Dentro de este embrión, nacen dos monstruos que tensan la cuerda en direcciones opuestas y equivocadas.
Ninguna sociedad puede caminar si faltan los mejores, los intelectuales. Pero ¿quién es el mejor en Guinea Ecuatorial? Nadie. Porque todos, o casi todos son soberbios, aluden continuamente a su currículum vitae, como si fuera la solución. Soy licenciado, soy doctor, estudié tal carrera universitaria y yo tal otra, soy ingeniero, ¡bla, bla, bla…! Pero ¡carajo! “lo bien fecho bien parece”. Este grupito intelectualoide guineano, no aporta nada al pueblo, sólo su orgullo y soberbia . Además son realmente estúpidos. Por eso todo en Guinea se ha quedado sin hacer. El pueblo rudo no puede crear civilización ni organizar un estado. Estas son las razones de nuestro hundimiento o crecimiento incierto.
Una nación no puede ser solo de hombres bastos, aunque guinea nació como una nación deformada, sin grupo de selectos, todos catequistas y seminaristas, milicias coloniales, cabos primeros del ejército etc. con esta masa no se hace pan. Estos tipos no podían engendrar aquello que no tenían: cultura, disciplina, civilización.
Guinea necesita un cerebro central, porque la ausencia de este grupo de elite intelectual, ha creado en la masa popular una ceguera para distinguir el hombre mejor y el hombre peor y cuando aparecen en la escena los privilegiados, no saben aprovecharlos y los aniquilan. O deberían ser más cuidados o deberían hacer alarde de su intelectualidad. O cambiamos o desaparecemos.
Fuente: Misisim