DOMINGO DE RAMOS
COMIENZA LA SEMANA SANTA
IDEAS PRINCIPALES DE LAS LECTURAS DE ESTE DOMINGO
1ª Lectura: Isaías 50, 4-7: Cada día el profeta escucha y medita la palabra de Dios para transmitirla como mensajero al pueblo. La misión del sirvo es profética: llevar la palabra de Dios a los abatidos. Para realizar esta misión el profeta tiene que ser iniciado en la palabra de Dios y compartir la misma suerte de su pueblo.
2ª Lectura: Filipenses 2, 6-11: El pasaje bíblico tiene un corte hímnico, con un doble movimiento que determina el itinerario pascual de Jesús. Él se despojó de su rango y se rebajó hasta someterse incluso a la muerte y a una muerte de cruz. El otro movimiento, es la respuesta del Padre que lo levantó sobre todo nombre, resucitándole de la muerte. De esta forma, el Padre es también glorificado y el mundo salvado.
Evangelio: Marcos 14, 1-15, 47: La figura veterotestamentaria de “siervo de Yahvé”, encuentra en Jesús su plena realización. Después de una vida dedicada haciendo el bien y anunciando la buena Noticia, llega al misterio de la cruz obedeciendo a su Padre. El Evangelio cuenta el camino que recorrió Jesús hasta llegar a la muerte en el Calvario y a la resurrección.
1. Queridos hermanos y hermanas en Cristo: Nos sumamos todos al entusiasmo y a las aclamaciones que los judíos manifiestan a Jesús. Es una manera de reconocer la dignidad de a hombre que habla de limpieza de corazón, de justicia, de misericordia, de perdón, de hacer el bien sin esperar ninguna recompensa humana a cambio. Pero sobre todo, es una proclamación de fe.
Nosotros, mucho mejor que aquellos judíos, sabemos que Jesús es el Mesías, el enviado de Dios, su propio Hijo. Y si nos sumamos a la multitud que lo vitorea, también somos conscientes de que nos tendremos que poner al lado de Jesús en los momentos en que estos gritos de alabanza se conviertan en gritos de condena. Nuestros ramos no pueden ser ramos de un recibimiento programado, protocolario. Son ramos de adhesión, de sintonía, de lealtad.
2. Agitar los ramos en honor de Jesús nos habla también de la alegría que produce trabajar por la causa del evangelio. Ciertamente, antes tendremos que superar dificultades personales y ambientales. Pero la constancia en la fidelidad sosiega el corazón y libera a la persona de caprichos pasajeros. Creer en Jesús, servir a Jesús en nuestros hermanos son las mejores palmas que podemos enarbolar hoy y siempre.
¡Hosanna a quien vino en el nombre de Dios Padre a traer la paz verdadera a este mundo! ¡Hosanna a aquellos que se atreven a ondear la fuerza de su amor para aliviar del mal que ahoga el corazón de tantas personas! En ellos continúa haciendo acto de presencia la paz del Hijo de Dios. ¡Hosanna a los buenos mensajeros que vienen en el nombre del Señor!
3. Para nosotros los cristianos, comienza hoy la semana más importante de todo el año. Precisamente la abrimos con la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Y la vamos a concluir con el título más absoluto de su vida: la resurrección.
Y en medio, toda una serie de situaciones no menos sorprendentes: la acusación tramada contra Jesús en medio de las fiestas, la traición de uno de los suyos, la cena pascual, el discurso de despedida, el mandamiento del amor, la eucaristía, la angustia y la soledad de Jesús, el abandono de los apóstoles, el escarnio, las burlas, los tormentos, la muerte, pero también la fidelidad, la confianza y el abandono en Dios. Y finalmente, la resurrección.
4. ¡Cuántas veces pretendemos vivir únicamente apoyados en el aplauso y la aceptación de los demás! No es un mal deseo pero puede ser nocivo cuando la persona depende exclusivamente de él. Entonces uno vive pendiente de los demás. Y la persona se ahoga en la pobreza de su corto alcance de miras. Se malvive si lo hacemos fascinados por el aplauso inconsciente de los demás. Ése es un terreno de arenas movedizas donde más nos hundimos cuanto más lo codiciamos.
La madurez y la seriedad echan raíces en el silencio gris del día a día, en la fidelidad renovada a las personas queridas, en la paciencia evangélica de la práctica constante del bien. Es entonces cuando aflora la verdadera riqueza de la persona. No existen paraísos artificiales. Tan sólo la constancia en el Espíritu de quien pretende seguir los caminos de Jesús.
Ésta podría ser, hermanos y hermanas, una buena pauta para vivir estos días de la Semana Santa en comunión con los sentimientos de Cristo y así acompañarlo y entenderlo un poco más.
Fuente: Jesús Rafael Edu Eyama Achama