Me imagino el mal trago que estarán pasando los miembros del Tribunal que juzgó el caso ”Asalto al Palacio Presidencial del 17 F”. Supongo que peor lo tiene el magistrado Antonio-Pascual Oko Ebobo, entre otras cosas, por ser el Presidente de dicho tribunal.
Mal lo tiene mi querido paisano, muy mal lo tiene, si es que hay un mínimo de pudor, sentido común y dignidad humana.
Primero: no debió presidir ese tribunal, habiendo sido recusado por uno de los abogados defensores. Que se sepa, ninguna otra instancia superior ha resuelto la recusación presentada, a no ser que el silencio sea lo que me imagino. Repito, el sr. magistrado debió de inhibirse o ser apartado del tribunal.
Segundo: siendo conocedor de la materia -y me consta que el señor magistrado la conoce muy bien, y no en vano fue el primero en acabar la carrera de derecho por la UNED en nuestro país- un gobiero no puede desautorizar y paralizar las deciones y dictámenes de los tribunales de justicia, pues esto supone ni más ni menos que la subordinación del Poder Judicial al Poder Ejecutivo, que no existe la separación de los tres poderes del Estado, que en Guinea Ecuatorial sólo una persona encarna y asume el funcionamiento de todas las instituciones del Estado. Es cierto que en una democracia, la abogacía del Estado puede intervenir en casos en los que se vean lesionados los intereses del estado, que no del gobierno, y los fiscales en nombre de la ley y tampoco del gobierno. Un Jefe de Estado no tiene por qué reunirse con los miembros de un tribunal, tal hecho, en un estado de derecho, invalidaría ya todo el proceso, ya que ello implicaría la no independencia de los Órganos Judiciales.
En efecto, la no ejecución de la sentencia de dicho tribunal significa simple y meridianamente que los señores jueces, con su presidente a la cabeza, han quedado desautorizados, ninguneados y humillados por querer ser independientes y no seguir los mandatos del Gran jefe, y que la Justicia es Él y nadie más que Él.
Es por ello que, si yo fuera el presidente de dicho tribunal, renunciaría a todos mis cargos, por respeto a las leyes , a su formación académica y jurídica y a la dignidad humana.
Fuente: evede