Los casi 42 años transcurridos desde que Guinea Ecuatorial conquistó la independencia le parecen al sr. Teodoro Obiang un plazo de tiempo insuficiente como para haber establecido las mínimas bases de la prosperidad en un territorio tan rico en recursos naturales y con una población tan deseosa de trabajar por ella misma y por su país.
Las promesas de justicia, de cuidado del medio ambiente, de transparencia y otras lindezas anunciadas por este dictador en el FORO GLOBAL de la Ciudad del Cabo como objetivos para el año 2020, no merecen el menor caso. No son otra cosa que una nueva operación de imagen del dictador, como la del famoso premio de la UNESCO, ideada por sus asesores extranjeros con el fin de amortiguar en lo posible el enorme descrédito que su figura sufre en el mundo y que pone en riesgo el conglomerado de intereses económicos amañado entre él, su clan, empresas extractoras multinacionales y potencias occidentales y orientales con preocupaciones geoestratégicas en África.
Pedir a estas alturas al sufrido pueblo ecuatoguineano un ”poco de paciencia” hasta el año 2020 no deja de ser un nuevo y trágico sarcasmo, como todo lo que afecta a la política ecuatoguineana. Al igual que le sucede a todos los dictadores, que acaban por creerse inmortales, el señor Obiang piensa que continuará en esas fechas al frente de la dictadura, con cerca de 90 años de edad cuando ya no tenga ni fuerzas ni salud, ni probablemente vida, para seguir reprimiendo al pueblo.
¿Cuándo por fin los gobiernos de España, de Francia y de EE.UU. van a acabar de reirle las gracias a este cruel sujeto? ¿Cuándo la opinión pública internacional va a exigir a sus gobiernos que pongan fin a esta farsa, que no es otra cosa que una nueva forma de colonización de un pueblo ejercida por una pequeña parte del mismo contra sus ciudadanos.
Gregorio OYÉ
Profesor de Instituto
Fuente: USL. GE