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La dictadura que vacía Guinea Ecuatorial: cuando un Estado falla, el pueblo se huye publicado por: Crispin Mba el 02/02/2026 22:43:13 CET
La inmigración no es un fenómeno nuevo ni excepcional. Desde hace siglos, hombres y mujeres han abandonado sus lugares de origen empujados por la necesidad, el miedo o la esperanza. Migrar —dejar atrás la tierra natal para buscar una vida mejor— ha sido siempre una constante en la historia de la humanidad.
Conviene aclararlo desde el inicio: este artículo no pretende ni condenar ni promover la inmigración. Migrar es un derecho reconocido, y toda persona tiene legitimidad para buscar su futuro allí donde crea que puede desarrollarse con mayor dignidad. Lo que aquí se expone, tampoco es un estudio académico ni un análisis estadístico, sino una reflexión personal, construida a partir de la observación, la experiencia y el análisis crítico de una realidad compleja, con especial atención a la inmigración africana.
Las causas visibles de la inmigración Si se preguntara a los inmigrantes por qué emigraron, la mayoría señalaría razones económicas: pobreza, desempleo, salarios precarios, ausencia de derechos laborales y profundas desigualdades sociales. En estos casos, migrar se convierte en una estrategia de supervivencia y en una vía para mejorar las condiciones materiales de vida. Otros lo hacen por motivos políticos y de seguridad. Guerras, conflictos armados, violencia estructural, terrorismo, persecución ideológica, dictaduras y represión obligan a miles de personas a huir no solo del hambre, sino del miedo. Para ellas, emigrar significa buscar refugio, libertad y seguridad.
Existe, además, un tercer grupo impulsado por causas sociales estructurales: falta de acceso a educación y sanidad de calidad, discriminación por origen étnico, religión o pertenencia social, y altos niveles de inseguridad ciudadana. A estas razones se suman factores medioambientales cada vez más determinantes: sequías prolongadas, inundaciones, desertificación y el impacto del cambio climático, que destruye los medios de subsistencia y fuerza el desplazamiento. Todas estas causas rara vez actúan de forma aislada. Con frecuencia se entrelazan y se refuerzan, empujando a millones de personas a abandonar sus países sin una verdadera alternativa.
Guinea Ecuatorial: dictadura y la pobreza
En Guinea Ecuatorial, la emigración responde a una combinación clara de factores económicos, sociales y políticos. La pobreza persistente, la falta de empleo, los salarios precarios y la corrupción institucional han generado desigualdades profundas. A ello se suma un elemento decisivo: la dictadura, que ha sido y sigue siendo uno de los principales motores de salida del país.
Numerosos guineanos han abandonado su tierra tras ver vulneradas de manera sistemática sus libertades fundamentales o sufrir persecución política. Otro factor clave es la ausencia de una educación y una sanidad públicas de calidad, que empuja a miles de jóvenes a salir del país para formarse en Ghana, Marruecos, Camerún, Senegal, Europa, Estados Unidos o incluso América Latina.
En muchos casos, quienes emigran para estudiar ya no regresan. No porque renieguen de su país, sino porque encuentran fuera mejores oportunidades laborales y condiciones de vida. Esta pérdida de juventud y talento —una auténtica fuga generacional— no parece inquietar al Gobierno, pese a que priva al país de una generación fundamental para su desarrollo.
La lógica patrimonial del poder de Guinea Ecuatorial ha consolidado la idea de que la dictadura es el único mecanismo capaz de sostener el Estado, aunque sea al precio del empobrecimiento humano, intelectual y social de la nación.
Las causas invisibles: la herencia histórica y colonial
Más allá de las razones visibles, existen causas profundas y menos evidentes que explican la emigración africana. La más determinante es la herencia histórica y colonial.
Muchas migraciones actuales son consecuencia directa del pasado colonial: fronteras artificiales impuestas por potencias extranjeras, economías diseñadas para servir a intereses externos y una dependencia estructural de Europa y de organismos internacionales. El uso del franco CFA y la subordinación a instituciones como el Fondo Monetario Internacional ilustran cómo las economías africanas continúan funcionando para sostener a otras economías.
La explotación no pertenece solo al pasado; es una realidad presente. Los colonizadores no vinieron a construir sociedades, sino a extraer recursos. Hoy no solo se exportan petróleo, gas, oro, uranio o coltán. También se exportan —sin retorno— los mejores médicos, ingenieros, abogados y profesionales africanos, formados en contextos de escasez y aprovechados por economías más fuertes.
El imaginario colonial y la desvalorización de lo propio
A los factores económicos y políticos se suma un elemento profundamente dañino: el lavado de cerebro colonial. Para muchos africanos, la máxima aspiración vital se ha reducido a pisar Europa, incluso sin un proyecto claro. Se idealizan los valores culturales occidentales mientras se menosprecian los propios.
Idiomas, comidas y tradiciones africanas son ridiculizadas por los propios africanos, al tiempo que todo lo europeo se sobrevalora. En Guinea Ecuatorial, se prestigia de manera desproporcionada a quien se ha formado en España, sin importar el centro, mientras se desprecia a quien estudió en Camerún, Ghana, Senegal o en Guinea Ecuatorial
Opera aquí una lógica colonial profundamente arraigada: okukut ntangan no es igual a okukut nsut mbot. En el imaginario colectivo guineano, un pobre blanco es automáticamente rico. Esta mentalidad resume buena parte de nuestra pobreza cultural, ideológica y de compromiso.
Desde esta lógica, solo Europa puede desarrollarse y solo los europeos pueden “arreglar África”. Año tras año, se deposita la esperanza en agentes externos para transformar lo que nosotros mismos no nos atrevemos a cambiar.
Dictaduras, fuga de cerebros y empobrecimiento estructural En este escenario, la herencia colonial se profundiza. Europa no solo se llevó los recursos materiales; continúa llevándose, como un tsunami silencioso, los recursos humanos, mientras África se empobrece. Las dictaduras africanas facilitan esta fuga porque les conviene gobernar pueblos sin pensamiento crítico, sin cultura política y sin compromiso colectivo.
Una llamada al compromiso
Siempre hay excepciones que confirman la regla. A esa minoría quiero dirigirme: no renuncien a comprometerse con las tierras que les vieron nacer, que les ofrecieron cuna, yuca y pan, y que seguirán necesitando de sus hijos.
La tarea es difícil, pero necesaria. Los problemas de Guinea Ecuatorial y de África no se resolverán por quienes viven del problema, sino por quienes deciden sacudirse el miedo al compromiso. Solo aquellos que, desde sus circunstancias, se atrevan a cambiar su país dejarán una huella imborrable, para que las futuras generaciones tengan referentes propios y no únicamente ídolos importados de fuera.
Fuente: reflexión
¡Nota importante! El contenido de los artículos publicados no refleja necesariamente la opinión de la redacción de guinea-ecuatorial.net Véase también la declaración sobre el uso de seudónimos
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