Que Guinea Ecuatorial tiene un problema de mal gobierno, es evidente. No se nos debe olvidar a ninguno. Pero esta afirmación no debe de anular nuestra ambición intelectual por comprender y reconocer la existencia de males de otra naturaleza. Los grupos humanos se han forjado desde el énfasis de los elementos diferenciadores, he ahí que la convivencia entre los mismos albergue latencias negativas de mayor o menor potencialidad. Los sistemas o formas de ordenación de las sociedades humanas (multigrupales) han de tener como prioridad la identificación de los individuos y los grupos a un imaginario mayor (Grupo) mediante la articulación de mecanismos de libertad y justicia. Los sistemas dictatoriales (más aún si se asientan sobre grupos identitarios), puesto que huyen de estos mecanismos, son (también) propiciadores de la discriminación orientada contra los grupos (étnicos, tribaales, de partidos políticos...). sobran referencias al respecto. Por consiguiente, la negación sistemática del tribalismo y la discriminación étnica (tareas más bien propias de los sistemas tiránicos) no ayuda a disipar las tensiones en la convivencia. En contra, puede ser sospechosa de una actitud de cierre de filas en torno al grupo acusado. La malversación de fondos públicos, la persecución política, tortura y muerte, la discriminación por pertenencia política, etc. Son también males endémicos de la dictadura que sufrimos, pero nadie ha propuesto aquí que dejemos de hablar ni un solo día de los mismos, con la excusa de que el sistema es el único problema.
Lo triste no es la aparición de proyectos políticos conformados desde sentimientos étnicos, sino la incapacidad de los que rondamos la política en Guinea Ecuatorial (que a nosotros la solución el día de mañana), desde la estructura de los partidos políticos a los círculos intelectuales, de comprender la legitimidad y los fundamentos de razón derivados de la experiencia que hay en ellos.
Fuente: Ntutumu Miko Abogo