Acabo de leer vuestros correos electrónicos, después de un largo tiempo de silencio, impuesto personalmente, para evitar esta manera nuestra tan guineana de hacer amigos. Les agradezco el estima y el aprecio que se desprende de vuestras palabras. Soy un incipiente escritor y analista de la situación política de mi país Guinea Ecuatorial, al que muchos supuestos intelectuales miran con desdén, viendo como la rama de la maldad barre nuestra tierra, nuestro presente y nuestro futuro.
Llevo metido en este ajo durante unos años, y esa forma tan poco útil de odiar como se odia los guineanos, con furor en una simple mirada, me llevó a replantear si merecía la pena seguir con lo que estaba haciendo. Los guineanos nos odiamos hasta cegarse a talentos que en campos concretos son capaces de labrar brillantes perlas. Yo he criticado y he alabado a quien mi instinto escritor y analista me daba por criticar y alabar, pero todos, cuando los he criticado, sólo han sabido odiarme con un disimulado arrebato infantil y simplón, sin evaluar el contenido de mis artículos; y cuando algunos han sido alabados por mis artículos, han guardado un sinuoso silencio. Así somos.
Si ustedes se fijan bien, estimados lectores, verán que el guineano vive de la sospecha del otro y haga lo que haga siempre el guineano será sospechoso, mientras los otros elaboran delirios necesarios para enredar sobre una situación que los guineanos todos, o al menos muchos, deberían decir ya basta.
De este circuito cerrado de acusaciones, sospechas, traiciones, discusiones innecesarias y ojerizas infantiles entre nosotros no hemos salidos durante los 45 años de dictaduras. Por eso deliberé la decisión de olvidarme del tema y dedicarme a otros proyectos que puedan darme mayor creatividad y más higiene mental.
Hemos esparcido pegajosa mancha de que el guineano no vale, sólo vale aquello que hace el no guineano; por eso todo lo que hacen nuestros hermanos, buscamos sólo descalificarlo y echarlo a perder. Doblemente os agradezco por ser un grupo de jóvenes de la universidad nacional UNGE que reconocen que algo de su propio hermano le resulta útil y válido. Gracias.
En ocasiones he llegado a pensar que el guineano tiene metido en su ADN una consigna “odiar intensamente, de forma contumaz y persistente”. Por eso nadie te discute con argumentos válidos, sino con odio y con amenazas y resentimiento. Habría escrito un último artículos que al final no publiqué y que titulaba “Hay que odiar intensamente” en ella quería demostrar a través de las redes sociales, Facebook, twiters y otros cómo un feto de odio hacía esfuerzos por nacer cada día en la comunidad guineana y hace que nuestro país se le pone la cara de cobre entristecido amenazado como sólo amenazan los enemigos. Este artículo lo dejé a medias porque ya decidí dejar a los guineanos en paz que sigan con las disputas hasta el infinitum.
Mis artículos buscan y buscaban crear una conciencia de lo propio, donde los guineanos puedan sentar en una misma mesa y discutir asuntos de nuestros país, con identidad propia. Claro que tengo mi estilo de escribir y un lenguaje que no gusta a todos, este es mi estilo y no lo cambio, por muchos arrebatos y memeces de ira en formatos de amenazas recibía de los propios valedores de los derechos humanos que pululan por la oposición guineana, porque de los otros ya sabemos cómo son.
Nunca me he cerrado a las críticas, pero más allá de ellas o de rabietas que muchos disimulaban, quedaba la suerte con que muchos me enviaban cartas despreciables, amenazas de muerte, intimidaciones, discusiones interminables etc. Y decidí por salud física y mental dejarlo por un tiempo prudencial.
Es posible que el odio sea una forma de amar de los guineanos y de allí nazcan los reproches amenazas, intimidaciones continuas que han hecho de nosotros una seña de identidad. Pero sigo todavía sin entrar en este ágape.
Gracias compañeros y amigos, gracias por los ánimos, le prometo que estaré meditando vuestra propuesta.
Crispin Mba
Fuente: Reflexión