Cuando los muertos no pueden descansar en paz
Beköng, 26 de marzo del 2007
Sobre los muertos, sobre sus tumbas, sobre sus recuerdos, construyen los rufianes la nueva babilonia.
Esa, en la que hermanos contra hermanos se pelean a muerte para disfrute del calígula, quien espera condenar a ambos a la muerte sea cual sea la suerte de la batalla.
Triste suerte la de un país donde ni los muertos pueden descansar en paz. Triste suerte la de un país en la que un hermano reta impávido a otro hermano, aterrorizado por las hordas asesinas.
En los tiempos de Macias los hijos testificaban contra sus padres acusandoles de opositores. Moría el padre y tras él el hijo traidor por haber violado la más sagrada de las normas. La sangre es inviolable.
Hoy en Sodoma y Gomorra la virtud es un pecado y el hermano ha sido llamado a maldecir contra su sangre. Si el tabu de la sangre no fue suficiente, si la honra fue perdida, si la virtud se trocó en pecado, hermanos, estamos a las puertas del fin del mundo.
Yo no levantaré el hacha contra mi hermano, mas odiaré a aquel que le acobarda con el terror. El mismo terror que calígula infunde a todo Sodoma, la Sodoma que ha sido maldecida por los dioses por haber violado tantas normas humanas y divinas.
Cuando comience el castigo sobre Sodoma, cuando los justos abandonen los confines de la muerte, del terror y de la mentira camino de Nínive, la nueva alianza, cuando la espada de los cielos golpee la tierra de los pecadores, que nadie mire hacia atrás con compasión.
No debe haber compasión sobre aquellos que danzan sobre nuestros muertos extasiados por el espectáculo circense del hijo contra el padre, el hermano contra el hermano, el amigo contra el amigo.
Atila he vencido. No hemos podido proteger a nuestros muertos contra las lanzas de los Hunos.
Que el cielo se apiade de nosotros y de nuestros hijos si ha de haber un futuro.
Fuente: propia