El grado de deshumanización, la sarta de inmoralidad e insolidaridad que reína actualmente en Africa y particualramente en Guinea Ecuatorial, escandaliza a propios y extaños. Hablando de moral, se debería partir definiendo lo que es moral. Existen tres definiciones o quizás más, pero me limito a la que define la moral como adjetivo que concierne a las costumbres y reglas de conducta admitidas y practicadas en una sociedad. Muchas sociedades funcionan en base a las reglas de la moral crsitiana, entiédase crsitiana como religión que ya venían siendo aplicadas desde los tiempos más remotos. Los Diez Mandamientos son la referencia de esas reglas aplicadas casi en todas las sociedades e incluso en las que la religión era considerada como “opium del pueblo”, es decir, en las sociedades atéas. Como cristiano, hay ciertos comportamientos y actitudes que indudablemente van o están en contra de la moral y de la propia naturaleza pero que son toleradas para evitar explosiones sociales y en algunos casos, para obtener tajada política de ahí la inclusión en las campañas electorales de temas tan espinosos como el aborto, la homosexualidad, etc.etc.
Ya que los valores ético-morales requieren un debate muy pronfundizado, me gustaría atraer la atención sobre otros valores que han caracterizado a las sociedades africanas antes de la llegada de los blancos y como se podrá ver, no estaban lejos de los morales. Me refiero al humanismo y la solidaridad. La recuperación de esos valores y su práctica pueden ayudarnos a reconstruir unas sociedades basadas sobre todo en la justicia social una de nuestras asisgnaturas pendientes. La deshumanización que se ha producido en Africa de las fechas de las independencias hasta nuestros días está dejando secuelas en el tejido social de nuestros países.
El escritor y viejo sabio maliense, Amadou Hampté Bá declaraba en un semanario: “...Antes de la llegada de los blancos jamás la fortuna o la posesión de bienes materiales habían distinguido a nadie...” Iningo-vi Makomé, comenta en su libro “España y los negros africanos” que un anciano le dijo en Camerún: “...Verás, hijo, antes, para los jefes de muchas tribus, el mundo era un lugar donde había que saber sacarle todo su jugo y disfrutarlo en compañía de sus súbditos y amigos...” Esta Africa, según el autor, “ ha sido asesinada y sustituida por otra nueva, la deshumanizada...”
Se puede estar totalmente deacuerdo con todo lo que aquí se desprende. Aunque nací después de la llegada de los blancos, la solidaridad y el espíritu de humanismo eran valores irrefutables para diferentes comunidades, tribus, familias, etc. Todos eran solidarios, una solidaridad que se extendía más allá de los ámbitos tribales o familiares. Desde pequeñito me enseñaron a repartir y compartir con los demás. Yo y mis hermanos comíamos en un mismo plato y el mayor era el encargado de repartir los trozos de carne o de pescado que estaban en la sopa y lo hacía equitativamente. Al más pequeño se le dejaba vaciar el plato. La avaricia brillaba por su ausencia. Los hombres comían juntos en el Abaa (Casa de la Palabra) a donde todas las mujeres del pueblo traían su comida para el consumo colectivo. Los solteros comían con los casados y si pasaba un extranjero se le hacía partícipe. Esta era la pura solidaridad que significa para mí, el sostén recíproco.
Quiero que me comprendan bien. Yo no trato de decir con ello que Africa fuese antes de la llegada de los blancos un jardín de rosas, sino describo algunos aspectos positivos de la sociedad guineana en particular y africana en general que hoy en día echamos de menos. Africa se parece ahora mucho a la Europa de hace muchos siglos atrás donde no había que nobles y plebeyos y sin lazo entre ellos. En nuestra Guinea Ecuatorial de hoy, los organismos especializados calculan que sólo el 5 por ciento de la población controla la riqueza del país mientras el 65 por ciento vive bajo el umbral de la pobreza, es decir con menos de 2 euros al día apesar de los inmensos beneficios que se obtiene de la explotación de los recursos naturales: petróleo, gas, madera, etc. ¿Quiénes son esos cinco por ciento?, pues, Obiang Nguema Mbazogo, su entorno familiar así como sus eternos acompañantes de viaje: los aduladores, soplones, comparsas y elementos de relleno de su régimen.
Esta sarta de inmoralidad, es decir la violación de las costumbres y reglas de conducta admitidas y practicadas en una sociedad (LA MORAL), es escandalosa. Sus autores no se preocupan de la situación creada ni de las consecuencias que ésta genera o puede generar en un futuro no lejano. Los que perciben el peligro-escribe Inongo-vi-Makomé-,”intentan gritar, pero sus gritos se ahogan como si estuvieran en un desierto”. El mencionado anteriormente viejo sabio y escritor maliense, Hampaté Bá, declaraba recordando su Africa auténtica: “...Lo que caracterizaba a un hombre eran su valor intrínsico, su nacimiento y su MORALIDAD. Por desgracia, con la invasión del dinero, sólo la riqueza se ha vuelto para muchos signo de fuerza y nobleza...el deseo de poseer borra poco a poco el sentido tradicional del reparto...” “Ya no hay reparto de los jefes hacia sus súbditos. Los jefes y sus compañeros se apoderan de todo evitando que los de abajo tengan nada, y así contemplarlos desde las alturas como unos payasos del circo...”, comenta el escritor camerunés, Iningo-vi-Makomé.
Así que las razones de los problemas de Africa en general y de Guinea Ecuatorial en particular, debemos buscarlas en la injusta distribución de las riquezas y mientras perdure esta situación difícilmente saldremos del atolladero y los conflictos sociales y bélicos no harán que multiplicarse.
Dr. Samuel Mbá Mombé
Fuente: LD